Blog personal de Xavier Carrascosa, amb articles sobre arts & humanitats, disseny, jocs, i llibres.
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No hay mal que cien años dure
Por motivos personales, el fin de semana pasado fue duro de llevar. El temor a la pérdida, el miedo al vacío, o lo que es peor: la incertidumbre; estos sentimientos me absorbían por completo. Pensaba que, si bien no todo estaba perdido, la brizna de esperanza que tenía se marchitaba. Pues bien, una semana más tarde todo está solucionado, mi confianza se ha vuelto férrea y la temida pérdida no ha sucedido. Todo puede cambiar en cuestión de días, aunque claro está, se tiene que trabajar para conseguirlo.
Sucede que a veces, aún cuando sabes que has hecho lo correcto, el devenir de los acontecimientos te lleva al fracaso, al desengaño o a la incomprensión. Y no sirve de mucho saber que tu eres sincero, legal, íntegro, fiel y leal. Podemos tener recompensa interior, pero no exterior. Esto me lleva a preguntarme a mí mismo si todo se tiene que valorar en términos de recompensa. Sea como fuere, este fin de semana se ha solucionado algo que creía imposible, lo que me lleva a pensar en la veracidad del famoso dicho: «no hay mal que cien años dure».
Posiblemente después de varios años, cuando volvamos la vista atrás, pensaremos en ésta época como un tiempo duro que nos tocó vivir; para algunos, otros tal vez no pasen tantas dificultades. Pero todo pasará. Éste gobierno incapaz desaparecerá como lágrimas en la lluvia, con suerte solo serán olvidados, con justicia serán recordados como el ejemplo de la incapacidad, la soberbia y la corrupción de estado, y de cómo este ejecutaba leyes y decretos en contra de su pueblo, a mayor gloria de los mercados, bancos y gerifaltes varios a los que sirven. Pero como digo, todo pasará, nada es eterno… excepto el cambio.
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Ocupa la mente
Me comentaba una amiga hoy después de comer que la juventud de hoy en día está adormecida, inclinada durante horas sobre sus teléfonos, quemándose las pestañas en las múltiples pantallas de las que disponen: smartphones, ebooks, ipads, ipods, kindles y demás ferralla. La calle queda lejana para la mayoría de la juventud, y cuando se usa como espacio de reivindicación y reflexión, como nos alegramos al vernos las caras, la cosa acaba en una fiesta. La queja queda entonces así diluida entre batucadas, tenderetes y feng shui, entre otras lindezas. Nunca entenderé porqué se aceptan tan bien las pseudociencias en el ámbito progresista, hasta el punto de invitar a alcaldes comunistas a impartir charlas en conferencias de astrólogos y curanderos de medio pelo.
La cosa tiene su miga, puesto que yo lógicamente he replicado que los jóvenes no están usando el móvil por usarlo, sino que a través de éste móvil tienen -tenemos- acceso a toda la información al momento, gracias al twitter y a los blogs, que se usan como antaño podría utilizarse una imprenta clandestina para imprimir panfletos. Lógicamente me ha rebatido. Ahora estamos muy dispuestos a usar la cosa tecnológica, pero al sistema establecido no le inquieta lo más mínimo que cientos de miles de jóvenes estén repanchingados en su casa delante del ordenador. Fíjate en la primavera árabe; para conseguir resultados tuvieron que movilizarse y salir a protestar a las calles. ¿Había allí fiesta? ¿Se divertían los egipcios, tunecinos o libios? ¿Acaso organizaban batucadas? Esto es; se lo tomaban un poquito más en serio, ¿no?
Pero la Primavera árabe empezó a través de las redes sociales, dije yo. ¡Mentira! Todo empezó cuando un tunecino desesperado se quemó ante las autoridades en la calle a plena luz del día, ante la perplejidad internacional. Así fue, y no de otra forma, el inicio de la primavera árabe. Que luego hubiera cientos de miles comentando el suceso en internet es harina de otro costal. No te digo que cojas ahora y te inmoles a lo bonzo en Arc de Triomf, en plenas fiestas de la Mercè. Pero si en vez de tanta fiesta y tanta tontería os lo tomárais un poco más en serio, si en lugar de pensar en comprar el nuevo iPhone pensárais en para qué mierdas necesitáis un teléfono de lujo estando en paro; si os preocupara entender el porqué de la importancia del arte, la música y la literatura, y lo entendiérais, en lugar de querer ser artistas, músicos y escritores a toda costa y mediante autopublicación, quejándoos de que el sistema os impide daros a conocer ,en lugar de reconocer vuestra mediocridad; si todo esto lo tuviérais un poco más presente en lugar de pillar vuelos baratos en Ryanair como principal preocupación, tal vez cosas como el 15M tendrían más sentido; tal vez os lo tomárais más en serio y tal vez os pensárais las cosas mejor antes de hacerlas, para que no parezca todo un circo dantesco: ocupar una plaza con banderitas republicanas, sin ni siquiera saber qué significa una bandera, ni para qué diablos hay que defender una bandera en lugar de otra, si todas significan muerte.
En definitiva, siempre se aprende algo al escuchar, aunque duela, al discordante. Al que no se doblega por la moda imperante, al que critica, recela y señala el error. Es muy fácil criticar de todo a los demás -y no me refiero a mi amiga, sino a nosotros- pero eso no nos convierte en mejores, sino en llorones: hay que proponer soluciones y tomar partido. Hay que implicarse. Aunque es cierto que hay muchísimos errores en los movimientos que los jóvenes -y no tan jóvenes- han hecho y que van a hacer estos días. Me refiero al próximo 25S, evento con ánimo de liarla parda y que nos llama a ocupar el congreso. Bueno, al menos -le he dicho a mi amiga- es algo más que estar sentado delante del ordenador, ¿no? -
El patio de recreo de la política
Los políticos dan noticias cada día. Si el martes hablaba de Esperanza Aguirre y Santiago Carrillo, hoy toca hablar de Mariano Rajoy, Artur Mas, Francisco Rodríguez, Elvira Rodríguez y Pedro Morenés. Cinco titanes de la política que suman y siguen en la carrera de desprestigiarse a sí mismos y a sus colegas.
De Rajoy y Mas, presidente de España y de Catalunya respectivamente, decir que para lo que han hecho hoy más hubiera valido que se enviaran algún whatsapp, porque con el dinero que se han gastado en el paripé de la reunión tal vez hubiera comido una familia sin ingresos durante un par de meses, y eso sí sería dinero bien invertido. ¿Son políticos Rajoy y Mas? ¿no se espera de ellos que lleguen a acuerdos que beneficien a ambas partes? ¿es posible que Rajoy piense que contentar a su ala más conservadora no le va a traer consecuencias? ¿es posible que Mas piense que contentar a su ala más independentista no le va a traer consecuencias? Y no solo para ellos, que a mí sus vidas de lujo me la trae floja, que las consecuencias serán para nosotros: que yo no pueda viajar al resto de España sin el estigma de ser catalán, la broma a la espalda, la puyita en la boca, la burla en los ojos del paisanaje. En fin, gracias Mariano, gracias Artur, a ver qué nos depara vuestra ignorancia, chulería y estulticia.
De Francisco Rodríguez, pues es la comidilla de los medios conservadores, que por fin tienen un nuevo socialista corrupto que llevarse a la boca, a través del cual abominar de toda una ideología. El alcalde de Ourense ha sido arrestado en el marco de la –agárrense los machos–operación Pokémon… ¡hazte con todos! Ojalá llegue el día que un político no esté salpicado por la sombra de la corrupción, de cualquier color político, ya que la ciudadanía esté tan encima que sólo con la ligera sospecha tuvieran que dimitir. Francisco Rodríguez era alcalde desde 2007, tras arrebatarle la alcaldía a Enrique Nóvoa, del PP, partido que llevaba gobernando la localidad desde hacía 12 años. Se trata de una gota más, a buen seguro no la última, que vuelve a rebasar el vaso de agua que simboliza el hartazgo de un pueblo esquilmado por sus gobernantes, que además tienen que soportar los desmanes de éstos, sus fechorías, sus chanchullos, o como se dice en castizo: sus mamandurrias.
De Elvira Rodríguez poco se puede añadir. Está de enhorabuena porque va a presidir la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), como premio por ser una estupenda diputada. Cuando fue Consejera de Transportes de la Comunidad de Madrid culminó con éxito la mayor ampliación de una red de metro del mundo, la de Madrid, pero a pesar de esta noble gesta a la mayoría se nos viene a la cabeza su imagen como tertuliana en los debates ultracentristas de medianoche. Tampoco es muy conocida su otra faceta: la de disimular y fingir. Concretamente, disimula el hecho de que a pesar de ser de Jaén tiene cinco pisos en Madrid, pero no por ello deja de cobrar dietas de alojamiento como diputada en Madrid. Que una cosa es robar carritos de supermercado y otra muy distinta que le entreguen directamente a una su importe en la nómina. Caradura, genio y figura. Pues eso, ahora se va a supervisar e inspeccionar los mercados de valores españoles, estamos a salvo.
De Pedro Morenés, el actual Ministro de Defensa español, también podemos decir que está de fiesta. Acaba de conseguir que el Estado pague 1800 millones de euros en pagar deudas con la industria armamentística. ¿Que no hay dinero para educación, sanidad ni justicia? ¡Da igual! Hay que llevarse bien con los antiguos jefes, debe pensar Morenés, cuyo pasado vinculado a la industria armamentística conviene conocer. Hablo por ejemplo de Instalaza, cuyas bombas de racimo sirvieron para desmembrar cuerpos en la Libia de Gadafi. En otros países éste ministro estaría procesado por tráfico de influencias, de favor y de nosecuántas cosas más. Pero aquí no, aquí hay que remar todos juntos en la misma dirección y no mirar atrás.
En conclusión, éste es el paisaje político que causa desafección en Catalunya, España, Europa, el planeta entero y hasta los confines de la nueva galaxia descubierta por la NASA. Gente que tal vez no sea muy diferente de la sociedad de donde proceden, como decía en su artículo Ignacio Sánchez-Cuenca, pero que ostentan el poder real, casi absoluto, obsceno, al que no se le pueden buscar mejoras, puesto que automáticamente te convierten en demagogo, en indignado, en un peligro para la democracia. Ésta gente nos gobierna porque les hemos votado, conviene no olvidarlo. No somos mejores que ellos; pero eso no nos debe impedir echarles si no nos convencen y votar a otros, puesto que el nivel de desvergüenza, que antaño se podía pagar, ahora ya no lo podemos soportar más.
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