Mes: febrero 2023

  • Nadie se va a reir, de Juan Soto Ivars

    Nadie se va a reir, de Juan Soto Ivars

    Introducción

    Nadie se va a reír, el último ensayo del polémico escritor y columnista Juan Soto Ivars, es la crónica de la caída en desgracia del autor del Tour de La Manada, Anónimo García, fundador del colectivo Homo Velamine. Pero también es la crónica del poder de los medios de comunicación en su tarea de desinformación, así como del poder de las redes sociales en su labor de linchamiento y señalamiento. 

    Este libro viene a ser una continuación lógica de sus otros dos ensayos publicados en Debate: Arden las redes y La casa del ahorcado, en los que ya exponía los peligros de la cultura de la cancelación (la censura), así como del tabú en las guerras culturales de nuestro tiempo. Servidor se ha leído los tres libros de Soto Ivars aún a pesar de todo el hate que lleva encima (yo mismo le llamo Lamida de Vaca, como otros tuiteros, por su peculiar peinado), por sus posiciones al respecto del feminismo (que luego lo lees y es otra cosa) y por rojipardo (o neorrancio, que son eufemismos que usa la verdadera izquierda para decir facha a los que no son considerados como verdadera izquierda).

    Juan Soto Ivars (obsérvese el pelo). Fuente: https://juansotoivars.es/sobre-mi/

    Crítica de Nadie se va a reír, de Juan Soto Ivars

    Nadie se va a reír es el relato del auge y caída del colectivo Homo Velamine, y en particular de su cofundador Anónimo García, desde que iniciaron su activismo performativo ultrarracionalista con la vandalización de un monumento conmemorativo del 2 de mayo hasta la condena a prisión y multa (que asciende a 40.000€ con las costas) por el Tour de la Manada. En este libro Soto Ivars va desgranando los actos que hicieron y de qué manera fueron perdiendo apoyos en el colectivo feminista, con el que al principio colaboraban (como en el acto ultrarracionalista de Feministas con Esperanza Aguirre, la FEA).

    Portada de Nadie se va a reír, de Juan Soto Ivars (Debate, 2022)

    Uno de los problemas que permea en todo el libro es que ni Anónimo ni al parecer ningún otro miembro de Homo Velamine supo ver la dimensión de la cultura de la cancelación, que es el tema que le preocupa a Soto Ivars. En primer lugar, desdeñaron el poder manipulador de una prensa digital absolutamente tendenciosa según su sesgo, así como del poder mediático de la televisión tradicional para configurar marcos de pensamiento de los que es muy difícil escapar para el espectador medio. 

    Homo Velamine no podía ganar esa guerra, aunque plantara batalla, porque eran demasiado pequeños, además de que sus formas requerían de grandes dosis de ironía y sentido del humor fino, cosa que no funciona con un público acostumbrado al formato masticado y deglutido de los contenidos audiovisuales actuales.

    Anónimo García y Homo Velamine

    También el carácter extraño de Anónimo García le hizo perder amistades, puesto que no sabía separar su personaje de su persona, y no todo el mundo va a renunciar a su vida en favor del colectivo activista. Anónimo tampoco supo apreciar la dimensión del problema que se le venía encima con el Tour de la Manada. 

    De acuerdo, quería denunciar la hipocresía de los medios con respecto al supuesto respeto a la víctima, toda vez que no escatimaban en detalles sobre los hechos ocurridos, mostrando imágenes y trazando ellos mismos los recorridos de la Manada, mostrándolos sin pudor en televisión, sabedores de que esa casquería da audiencia, y por lo tanto publicidad (dinero).

    Ellos, los medios tradicionales, sí lo hicieron. Homo Velamine no. Solo querían denunciar esas prácticas con un falso tour, pero les salió el tiro por la culata, porque el problema de fondo no se llegó a discutir: está mal hacer espectáculo de una violación en grupo, lo haga quien lo haga, sea para el fin de que sea. Fin. No hay discusión. Está mal. Había que darle una vuelta a la idea. Pero no se hizo, ¿por qué?. En la respuesta a esa pregunta está esa desconexión de Homo Velamine con la sociedad y sus medios que critica el colectivo.

    Conclusión

    Tras leer este ensayo, así como los dos anteriores, me he congraciado con Soto Ivars, al cual lo tenía cancelado, por provocador, con esa pose de enfant terrible que me lleva a sus 40 añazos. Pero al igual que me pasó con Ana Iris Simón, lo único que había que hacer era leer sus libros y sus artículos. Seré un neorrancio, pero siempre hay que preguntarse quién cancela, quién mueve a la masa y qué se persigue de fondo. En definitiva, ¿a quién beneficia?

    Anónimo García pagó muy caro no saber ver la dimensión del desastre, esa tormenta perfecta entre unos medios dolidos por haberse tragado el cuento del falso tour de la Manada, ese colectivo feminista que actuó con toda su furia, el linchamiento en redes sociales, y de como todo ese caldo de cultivo hizo mella en lo judicial, aplicándole una condena ejemplarizante

    En mi opinión, Homo Velamine hizo mal en crear esa web del Tour de la Manada, pero la desproporción entre el acto y su condena es tan palmaria que alguien, en este caso Soto Ivars, que está en todos los saraos, tenía que hacer algo al respecto. Esperemos que con este libro la reputación de Anónimo García y del colectivo Homo Velamine se recupere, es una pena que algo tan divertido haya acabado así de mal.

    Ficha técnica

    TítuloNadie se va a reír
    AutorJuan Soto Ivars
    EditorialDebate (Penguin)
    Año2022
    Páginas224
    CategoríaEnsayo
    Nota personal7
    Comentario finalCrónica de la caída en desgracia del autor del Tour de La Manada, Anónimo García, fundador del colectivo Homo Velamine, que no supo ver la dimensión de la cultura de la cancelación.
  • Las modernas librerías de viejo

    Las modernas librerías de viejo

    Introducción

    Estoy razonablemente contento porque cerca de mi trabajo hay un par de librerías de segunda mano, a saber: una ReRead y una Llibre Solidari (supongo que en resto de España habrá algo similar a los libros solidarios). Estas dos librerías que tengo a 10 y 15 minutos respectivamente me han permitido descubrir la obra de autores que actualmente es casi imposible encontrar en las librerías tradicionales. 

    Me acuerdo que antes eran las librerías de La Casa del Libro las que tenían un fondo editorial importante, que aunque no tuvieran lo que andabas buscando expuesto en las estanterías cabía la posibilidad de que lo tuvieran en el almacén.

    De un tiempo a esta parte esto ya no es así, La Casa del Libro se ha convertido en un McDonald’s literario que oferta las últimas novedades pero que ya no se preocupa tanto de tener una selección variada de clásicos y modernos. Ahora hay pilas de libros de Brandon Sanderson, del Premio Planeta que toque y del enésimo libro de autoayuda. ¡Para lo que se ha quedado el otrora amado templo de los libros!

    Imagen generada con Stable Difussion

    La competencia de Amazon y la turistificación de los barrios

    En Barcelona, poco a poco van desapareciendo sin hacer ruido muchas librerías, como la Alibri, la Canuda, la Cómplices, o la Librería Medios, una de mis favoritas de la ciudad. ¿Cómo van a sobrevivir a Amazon y a la turistificación de la ciudad? Ya no hacen falta librerías, solo más Starbuck’s con gente guapa haciéndose selfies para Instagram.

    Sobreviven, porque si no sobreviven estas sería ya para matarse, las grandes librerías La Central y La Laie; su abultado stock y su ambientillo chill, con la cafetería y los eventos literarios, las hacen lugares bonitos para visitar. Pero ni siquiera estas librerías lo tienen fácil y habrá que ver en qué se van convirtiendo de cara al futuro (mi predicción: Tigers con libros).

    En mi caso, intento siempre que puedo comprar los libros cerca de casa; a veces uso el buscador Todos tus libros para encontrar cerca el título que busco, pero la mayoría de las veces voy directamente a la Trabookaire, la Tribu o la Santos Ochoa, que me pillan cerca. Espero que duren muchos años. No me hago muchas ilusiones, la verdad, la cosa está muy mal porque la competencia que ejerce Amazon es devastadora. Ya lo es en los juegos de mesa, pues en los libros aún más. 

    Sea como fuere, es innegable que el stock de Amazon es insuperable, y que ahí puedes encontrar casi todo lo que busques (aunque si es muy especializado, olvídate), por lo que se convierte de facto en el sitio donde buscar libros (y quien dice libros, dice literalmente todo, me incluyo). Tanto si vas a comprar como si no, es el lugar donde consultar precios, leer opiniones, ver las alternativas… no se puede competir contra semejante titán. Si acaso, se puede vender lo mismo de forma distinta, ofreciendo otras cosas, como por ejemplo charlas de autores, presentaciones y conferencias, ciclos de lectura, cosas así. Eso Amazon no lo puede hacer. 

    No toda la culpa es de Amazon

    Las librerías tradicionales también pueden cerrar por sus propios méritos, no cabe duda. La figura del tendero que está ahí pero que no te ve, que no te recomienda o que directamente resulta antipático me ha sucedido más de una vez (pongamos por ejemplo, en Barcelona, la Okulus y algunos tenderos de la Gigamesh).

    También sucede que se ha perdido el fondo editorial porque se publica tanto que las novedades sepultan a los libros de hace tan solo un año, así pues ¿para qué tener un fondo de libros publicados entre 1990 y 2010? ¿Para qué tener un fondo de autores como Umbral, Cela o Carmen Laforet? ¿A quién le interesan? Pues quizás a mí, y a otros muchos lectores, y quizás por eso también algunas librerías acaban cerrando, porque si no puedes competir contra Amazon en cuanto a las novedades, podrías tratar de competir en cuanto a las viejunadas y las rarezas.

    Así pues, las modernas librerías de viejo son la tabla de salvación para aquellos que queremos leer a Cela, Baroja, Umbral y todos esos señores que la petaron hace mucho tiempo, que solo se pueden conseguir en estos lugares donde comprar libros de segunda mano. A veces hay auténticas gangas: he podido encontrar una edición de Los versos satánicos al popular precio de 3 euretes.

    Quiero reivindicar a las modernas librerías de viejo (es un acierto que ya no huelan a viejo, que no tengan humedad, que no haya polvo y que estén ordenadas) y también reivindicar la lectura de los clásicos de los que apenas se oye hablar ahora, que están olvidados o defenestrados (como Cela, del que espero hacer una reseña pronto). Y ojalá las librerías tradicionales empiecen a tener un fondo de viejunadas, o me temo que Amazon se las comerá.

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