Mes: diciembre 2012

  • A qué he jugado en 2012

    A qué he jugado en 2012

    Los que me conocen bien, saben que me encanta jugar. Sobretodo a los nuevos juegos de tablero, los eurogames, que vinieron del norte, del frío y de Alemania para instalarse cómodamente en las estanterías de los jugones de media Europa. Poco a poco la afición por los juegos de mesa está subiendo y ya no es difícil encontrar a alguien que haya probado por lo menos el Catán o el Carcassonne, los juegos punta de lanza de ésta nueva generación. Este servidor intenta dar a conocer los nuevos juegos de mesa al gran público, como buen evangelizador lúdico, a través de la Revista Token, que desde aquí recomiendo leer, valga la publicidad gratuita.

    Cada año hago recuento de lo que he jugado a lo largo del mismo, para hacer memoria sobre qué juego me dejó mejores sensaciones, de cuáles aún me acuerdo y de cuáles ya no recuerdo nada. Para ello, nada mejor que la BGG, la web de referencia de los juegos de mesa, que incluye todos los juegos del mundo, que se dice pronto, tanto los editados como los hechos por aficionados. Para los que consideren que ésta afición mía por los juegos de mesa es algo un tanto inusual (por no llamarlo freak) les replicaré diciendo que no hay nada mejor que compartir un juego con amigos alrededor de la mesa, entre risas, cervezas y ganchitos. Bueno, esto último con moderación, que luego se ensucian las cartas y se manchan los tableros.

    Sin más dilación, voy a enumerar mi juego favorito del año y dos menciones de honor. Luego, pasaré a los patitos feos, que no recomendaría a nadie. También diré un par de juegos para aquellos que jamás han jugado a estas cosas y quieran probar algo accesible y divertido para empezar, algo que recomiendo, porque es un hobby barato, divertido y entre amigos. ¡Vamos allá!

    El mejor juego que he jugado en 2012: Vasco da Gamma, un juego de barcos con trasfondo histórico para jugones de verdad. Menciones de honor: Ricochet Robots, más que juego, es un puzzle diabólico, muy adictivo, dolor de cabeza y ganas de revancha; y Cuba, que es precioso y que tengo muchas ganas de volver a jugar.

    El peor juego que he jugado en 2012: Offrandes, un sinsentido de animales, que para lo único que me ha sido útil es para proporcionarme meeples con los que confeccionar mi propio juego. Menciones de honor: Inventum, un juego insípido donde los haya; y Ad Astra, un remedo de juego Sci-fi con naves espaciales y planetas, sin batallas espaciales y con ninguna posibilidad de estrategia a corto medio y largo plazo debido al excesivo faroleo.

    Juego recomendado para no-jugones: Timeline, un entretenido y picajoso juego de cartas, para cualquier número de jugadores, pequeño formato y fácil de explicar. Menciones de honor: Fantasma Blitz, un juego de agudeza visual y reflejos, que asegura muchas risas; y Takenoko, juego algo más complicado que los otros dos, pero delicioso de jugar tanto por su sencilla y elegante mecánica como por su aspecto manga, que luce excelente en mesa.

  • Nacionalismo

    Nacionalismo

    La gran apuesta de país que pretende conquistar el señor Mas, con la ayuda del historiador de ERC (que a los efectos ejerce de improvisado Procopio), es la de dotar a Catalunya de estructuras de país. Concretamente, y para ir rápido, las estructuras de país que aceleren los trámites de robar dinero y que no te pillen. ¿Cómo? Creando una Tesorería propia que recaude todos los impuestos que pagan los catalanes, y que el Tribunal Superior de Catalunya sea la última instancia a dónde recurrir; tribunal cuyos jueces son designados a dedo por el gobierno catalán. ¡Doble win!

    Hay más ideas geniales en las estructuras de país, como el de llevarse el control de la energía llegando a un pacto con el país que te la proporciona… ¡y del cual te independizas unilateralmente! Claro que sí, seguro que ese pacto saldrá bien, molt honorable senyor Mas. ¿Desvaríos nacionalistas? Puede ser, lo de Mas y sus compinches es una huida hacia adelante, aprovechando por un lado el descontento general en Catalunya y por el otro la pléyade de incapaces jugadores de Apalabrados en Madrid.

    Aprovechando que me he calentado, voy a hablar del nacionalismo, según Yo. El nacionalismo es, para mí, un producto fruto de un sentimiento de pertenencia a un grupo que comparte lengua y cultura. Es por tanto, una consecuencia del pensamiento romántico, movimiento que aunque tenga este adjetivo, es impulsor de la xenofobia y del rechazo a los otros, porque la adhesión a un grupo implica la negación de los otros grupos.

    El nacionalismo tenía su razón de ser en un mundo convulso donde los antiguos regímenes y alianzas entre países tambaleaban y tenían que buscar nuevas fórmulas para controlar al pueblo: si por la fuerza no podía ser, ni tampoco por la razón, se intentaría con el corazón: que los sentimientos dirigieran el pueblo.

    Digo más: el nacionalismo es el padre del fascismo y el totalitarismo. Es la fuente de las disputas entre regiones, y cualquier nacionalista entiende que su nación es superior a la vecina. Es muy difícil hablar de razones con los nacionalistas, porque los sentimientos no implican un razonamiento: es algo similar a la religión. Uno no debe pensar en si su nación es la mejor de la misma manera que tampoco el creyente se cuestiona si su Dios es el mejor: su Dios es el único y verdadero, y la nación es lo mismo. De hecho, nación y religión van muy cogidas de la mano.

    Ojalá hubiera una reflexión mundial sobre la conveniencia de los nacionalismos. Es verdad que hay diferentes pueblos, religiones y lenguas, pero la división del mundo en naciones es sólo una cuestión política. Que una nación exista implica que se haya derramado sangre en la aniquilación de los pueblos discordantes que la conforman. No hay nada glorioso, en mi opinión, en la nación, no hay grandes gestas ni identidad nacional: sólo intereses políticos.