Categoría: Culturas

  • Apuntes sobre identidad, estigma y desencanto juvenil

    Apuntes sobre identidad, estigma y desencanto juvenil

    ¿Por qué un joven magrebí se hace de Vox? No es una provocación ni una paradoja. Es una pregunta necesaria. Porque pasa, y pasa más de lo que creemos.

    En clase de Cultura y Valores Éticos, un chaval me dice: “Profe, ¡viva Franco, viva Vox!” Yo levanto la ceja y, como quien no quiere la cosa, le pregunto por qué. Él, tranquilamente, me responde: “Porque estoy harto de los moros.” En ese momento pienso: pero si tú eres marroquí. No debe saber nada de la guardia mora… Pero callo. Prefiero escuchar, dejar que hable, que se explique. Y lo hace. Habla de los que dan mala imagen, de los que se meten en líos, de los que no quieren integrarse. Y entonces entiendo que no está hablando de sí mismo, o no del todo. Está intentando dejar claro que él no es como “esos otros”. Él no es marroquí, es español (es decir: hijo de marroquíes nacido en España). Por eso, por demostrar españolidad, dice abiertamente que viva Franco, y que viva Vox.

    Ni del todo españoles, ni del todo los otros: identidades en conflicto

    Ahí es donde entra Pierre Bourdieu. No es que mi alumno lo conozca, pero está poniendo en práctica su teoría sin saberlo. Bourdieu hablaba del “habitus” (El sentido práctico. Bourdieu, 1986), esa forma en que las estructuras sociales se interiorizan en nuestros cuerpos, gestos, gustos y formas de hablar. Este chaval está intentando posicionarse dentro de un campo social —el instituto, la juventud, la nación— en el que sabe que parte con desventaja. Y busca capital simbólico donde puede: en el rechazo al «estigma» que le impusieron al nacer.

    También podríamos citar a Ulrich Beck, con su idea de la “sociedad del riesgo” (La sociedad del riesgo. Beck, 1998). En este contexto, los jóvenes de origen migrante no solo cargan con el riesgo estructural de la exclusión, sino también con la obligación de gestionar su identidad para minimizar ese riesgo. Ser el “moro bueno” se convierte en una estrategia de supervivencia.

    Nancy Fraser y Axel Honneth nos invitan a pensar la justicia no solo como redistribución económica, sino también como reconocimiento. La falta de reconocimiento cultural es una forma de injusticia que cala hondo. Y cuando el reconocimiento no llega por las vías progresistas, algunos jóvenes lo buscan en el espejo roto de la ultraderecha, donde al menos pueden sentirse “mejores que otros”.

    En este sentido, la crítica de la identidad como forma de exclusión —como desarrolla Seyla Benhabib— nos ayuda a entender cómo la universalidad democrática se ve constantemente fracturada por las jerarquías identitarias. Benhabib denuncia cómo las democracias liberales excluyen a los “otros” del derecho a tener derechos (The Claims of Culture: Equality and Diversity in the Global Era. Benhabib, 2002). Las jóvenes magrebíes en España, atrapadas entre el sexismo estructural y la islamofobia secularizada, quedan muchas veces invisibilizadas. Su emancipación no interesa a nadie si no encaja en los marcos de reconocimiento hegemónicos.

    Javier Padilla, médico y ensayista, también nos ofrece una reflexión importante desde el ámbito sanitario pero extrapolable a la educación: en su libro ¿A quién vamos a dejar morir? Sanidad pública, crisis y la importancia de lo político (Capitán Swing, 2019), plantea cómo las políticas públicas generan vidas más vivibles que otras. Aplicado al aula, podríamos preguntarnos: ¿a quién vamos a dejar fuera? ¿Qué jóvenes pueden acceder a una ciudadanía plena, y cuáles están condenados a vivir en el umbral de lo nacional?

    Porque no hablamos solo de ideología, sino de existencia. De querer ser parte de algo que te rechaza constantemente. Algunos lo hacen mimetizándose con el discurso dominante. Otros, refugiándose en comunidades cerradas. Pero en ambos casos, el punto de partida es el mismo: la exclusión. No son fascistas ni reaccionarios. Solo quieren pertenecer.

    Pero es que incluso el intento de neutralidad —“yo paso de política”— se convierte en una toma de posición: en un país donde cada rasgo puede leerse como una declaración ideológica, no posicionarse también es una forma de ser señalado. Entonces, ¿qué pasa con aquellos que sí son conscientes de este juego político que los utiliza? Con esos chavales que quieren vivir y dejar vivir como españoles y musulmanes, sin más. ¿Pueden realmente hacerlo? ¿Se pueden abstraer del contexto, de la presión política y social, del fenotipo? ¿Se puede vivir sin rendir cuentas por todo lo que uno es?

  • Falsa entrevista a Jesús G. Maestro

    Falsa entrevista a Jesús G. Maestro

    Damos la bienvenida a este espacio al catedrático Jesús G. Maestro, autor de Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI publicado por HarperCollins en enero de 2025, y profusamente publicitado en su canal de YouTube con elogiosas entrevistas en distintos medios, a pesar de que el autor dice que no le gustan esos medios. Buenas tardes, Jesús.

    [Jesús saluda y da las gracias por la entrevista]

    Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI: Yo no soy un youtuber y usted no sabe nada sobre mí. Jesús G. Maestro. HarperCollins (2025)

    Vamos a entrar sin más preámbulo, sin más demora, sin pausa y sin tiempo que perder en el contenido en sí de su obra. Sin duda el público conocerá su trayectoria en redes (perdón, quise decir en YouTube, usted carece de redes sociales, perdone) y por tanto se hace del todo innecesario explicar que es usted catedrático de la literatura y que ofrece sus clases online. Estará de acuerdo con esta definición sobre usted mismo, espero.

    [Jesús dirá que está de acuerdo, aunque aportará algún matiz]

    Entiendo, no obstante, que su principal ocupación es la de dar clase a universitarios, ¿qué materias imparte exactamente?

    [Se espera una larga explicación de Jesús, donde por algún lado publicite su Crítica de la Razón Literaria, que nadie jamás ha leído]

    Jesús G. Maestro, encantado de conocerse, posa para una entrevista en El Mundo.

    Bien, hecha ya esta breve introducción a su persona, hablemos del libro que nos ocupa. Es bien sabido que a usted no le gusta discutir, que no debate o intercambia pareceres, pues prefiere ocupar su tiempo en otras vicisitudes más placenteras. Entenderá pues que esta entrevista tenga que ser ficticia, dado que en mis preguntas hay una carga de crítica que podría llegar a incomodarle, o acaso hacerle enarcar las cejas (o fruncirlas), pero es mi deseo ejercer la entrevista conforme lo que me dicta la razón.

    [Jesús hace ademán de levantarse para irse, pero se da cuenta que está encadenado a la silla]

    Veamos, ¿coincide conmigo en que ha escrito un libro de autoayuda para adolescentes? Es decir, que un adulto funcional, con unas mínimas lecturas previas, no puede deglutir tamaña colección de lugares comunes?

    [Es de esperar que Jesús proteste enérgicamente, aunque es posible que quiera discutir por primera vez en su vida con alguien que no le baile el agua, no sabemos]

    ¡No, por favor, no se ponga así! Puedo elogiar partes de su obra. Es brillante su razonamiento acerca de Aracne y Narciso, y lo digo en serio. Cálmese. Aracne teje la red, y Narciso se embelesa con su propio reflejo. Metáfora: las redes nos atrapan, nos dejamos seducir por ellas, nos diluimos en ellas. Verá que mi crítica no es tan feroz, al fin y al cabo. Pienso como usted acerca de las redes y su malévola influencia en las mentes de nuestros jóvenes.

    [Jesús habla sobre su metáfora de Aracne y Narciso y aporta más datos, aunque intenta liberarse]

    Lo que pasa, Jesús, es que ha escrito un libro para advertir a los jóvenes sobre los peligros de las redes, cosa que ya intuyen, pero les da lo mismo. De hecho, ya le digo yo: los narcisos no lo van a leer. Además les ha dicho que no confíen en nadie, que todos les van a intentar engañar, o aprovecharse de ellos. Yo incluso diría que les anima a no asistir a la universidad. Es curioso este hermanamiento con Llados, otro pensador de otra escuela, no lo conocerá, pero me llama poderosamente la atención esta aversión a los compañeros de trabajo, de aula, de vida. ¿Ha pensado usted que el libro lo pueden leer otros adultos además de sus alumnos? ¿Tanto daño le han hecho sus colegas?

    [Jesús se tira al suelo, patalea, está a punto de romper la silla]

    Más cosas, veamos. ¿Qué locura es esta de la tradición hispano-greco-latina? No existe tal cosa en la historia de la literatura.

    [Jesús mira con odio a su entrevistador]

    No hay una tradición hispano-greco-latina. No podemos, aunque nos guste, trazar una línea contínua entre Homero, Sófocles, Virgilio, Apuleyo, Cervantes y Quevedo. No existe tal cosa. No es ya que ignoremos a los autores de otras lenguas romances, es que nos pasamos por el forro a los musulmanes, que en gran medida tradujeron obras clásicas. No veo por qué incluir en esa línea imaginaria a autores italianos (tal vez Dante, no sé), franceses (Molière, Flaubert, Baudelaire)… aunque le concedo que es divertido odiar a Francia. Pero ese odio es un tropo irónico, no es algo real. Es como cuando ellos nos minusvaloran como pueblerinos. En realidad todos sabemos que hay arte e inteligencia bajo cualquier bandera, cultura e idioma… ¿porque esto lo sabe usted, no?

    [Desconozco lo que Jesús podría hacer o decir llegado este punto]

    Pero si algo se lleva la palma, es su odio visceral al mundo anglosajón. Este mundo anglosajón, luterano, idealista, posmoderno, que contrapone a ese mundo hispano-greco-latino, lo trae usted por el camino de la amargura. Porque la historia de la literatura ha sido escrita por ese mundo que usted desprecia, que según usted ha relegado a la literatura española a un segundo plano, una literatura que no ha sido entendida, que se ha maliterpretado su barroquismo. Dice usted muchas cosas al respecto. Pero no habla de la historia que hay detrás de esos supuestos dos mundos enfrentados. ¿Les ha hablado a sus alumnos del motín de Esquilache? ¿Qué nos dice de esa España?

    [Aquí Jesús podría decir algo así como «¡Cállese, majadero! ¡Le advierto que tengo un canal en YouTube y lo voy a usar contra usted!]

    Es cierto que hubo una España, bajo los Austrias, que gozó de una literatura ejemplar, y que su calidad no desmejoró en los años posteriores, y que incluso la literatura española del XIX podría rivalizar con la del XVI. Lo que obvia usted es el atraso de España respecto a las otras naciones de Europa, aunque le duela. Nadie discute la calidad literaria; nadie discute que Cervantes, Quevedo, Rosalía de Castro, Galdós o Lorca fueron unos titanes. De hecho, nadie lo discute en absoluto. De la misma manera que nadie discute a los grandes autores de ninguna nación. Este debate que sugiere usted es absurdo, no hay ningún complot anglosajón para con nuestro arte y literatura, y lo único que permea en su razonamiento es un mal entendido patrioterismo de vuelo gallináceo que impide que su ensayo pueda tomarse mínimamente en serio.

    [Jesús seguramente ya se habrá liberado, incluso es probable que haya atacado al entrevistador]

    La entrevista se detiene aquí. Ojalá que los futuros estudiantes de literatura, y todos aquellos que disfrutan con la lectura, sea esta de donde sea, puedan gozar de sus estudios y de sus lecturas, sin atender bajo qué bandera se escribieron, en qué lengua, qué sexo o religión tenía su autor, si éste tenía pretensiones o no, si era buena persona o era Knut Hamsun. Si alguien lee esta entrevista, atended: no hagáis caso de lo que dice Jesús G. Maestro. Podéis escucharle, sí, tiene cierta gracia lo de los amigos del comercio como eufemismo del turbocapitaslimo, pero es un man in a mission, alguien que está demasiado ciego con su propia visión y que no os dejará disfrutar de la literatura, que os hará sentir mal por leer autores contemporáneos (Maestro ha dicho que después de García Marquez no hay literatura, hay otra cosa) y volverá vuestro mundo más pequeño y solitario. Leed lo que os plazca, bueno y malo, y que los catedráticos pontifiquen lo que quieran desde su atalaya, o desde su YouTube. Lo mismo da.

    Ficha técnica

    TítuloUna filosofía para sobrevivir en el siglo XXI: Yo no soy un youtuber y usted no sabe nada sobre mí
    AutorJesús G. Maestro
    EditorialHarperCollins
    Año2025
    Páginas288
    CategoríaAutoayuda / Ensayo
    Nota personal4
    ComentarioMitad libro de autoayuda para universitarios, mitad exabrupto de un carpetovetónico profesor, que nos habla de una supuesta tradición hispanogrecolatina enfrentada a una malvada anglosfera amiga del comercio. Demencial.
  • Jean-Michel Basquiat: de odiado a imitado

    Jean-Michel Basquiat: de odiado a imitado

    Confesaré que Basquiat no me dijo nada al principio de conocerlo en la Escuela de Arte. Era uno más de los artistas a estudiar en Teoría del diseño, uno más a sumarse a otros que me marcaron más profundamente: Warhol y sus repeticiones, Mucha y su preciosismo, Toulouse-Lautrec y su bohemia… y por encima de todos, Munch, con su Grito, obra que me inspiró profundamente incluso antes de entrar en la escuela (recuerdo que la usé como base, mediante collage, para superar la prueba específica que daba acceso al ciclo superior de Gráfica Publicitaria).

    Basquiat, como digo, no entraba dentro de mi canon artístico particular, aunque luego su influencia fue creciendo poco a poco. La razón principal es que, inicialmente, yo valoraba el arte en función de la capacidad de realismo que el artista demostraba, o bien por su expresionismo, innovación o gusto estético. Basquiat me parecía un artista mediocre que se aprovechaba de su cercanía con Warhol, el artista pop más importante del momento. Llegué a odiarlo porque me parecía un tipo sin talento pegado a Warhol como una garrapata. Claro, aún tenía mucho que aprender…

    Quizá no me explicaron a Basquiat correctamente. Me tendrían que haber dicho que Basquiat era un grafitero, un chaval que pintaba por las calles deprimidas de Nueva York, escuchando hip-hop, jazz y zydeco. Basquiat consiguió exponer su obra en museos, esto es, pasar del arte urbano al circuito del arte; pasar de la pared callejera al lienzo blanco. Ahora no nos impacta, pero hay que mirar atrás cincuenta años: siendo hijo de inmigrantes, haciendo graffitis por las esquinas, llegó a ser uno de los artistas más cotizados del planeta y a codearse con Warhol en su estudio.

    Irony of Negro Policeman. Jean-Michell Basquiat (1981)

    Es cierto que Basquiat, cuanto más lo conoces, más te sorprende. Pero no en el buen sentido, es decir, no como artista, al menos al principio. Es su vida la que lo convierte en un personaje singular en la historia del arte. Basquiat se pasó media vida viviendo a costa de sus mujeres. ¿Por cuál empezar? Quizá con Suzanne Mallouk, que lo mantuvo económicamente durante sus primeros años como artista callejero. Suzanne no solo pagaba las facturas: lo defendía en peleas, lo ayudaba a salir del calabozo y creía en su genio cuando el mundo aún no lo había descubierto. También se le atribuye un romance con Madonna, justo cuando ambos estaban en la antesala de la fama. Otra novia importante fue Paige Powell, fotógrafa y marchante de arte; con esta, al menos, parece que Basquiat acabó bastante bien.

    El atractivo de Basquiat para con las mujeres es innegable. Y Jean-Michel se dejaba querer; otra cosa es que él quisiera a alguien más que a sí mismo. Si se mira su vida desde fuera, parece que solo usó a esas mujeres a modo de ascensor social. Esa es una realidad incómoda: Basquiat utilizaba a la gente a su alrededor para crecer como artista. Pero si hay alguien a quien Basquiat utilizó a conciencia, ese alguien fue Warhol.

    Antes de encontrarse con Andy Warhol, Basquiat vivía en la calle, literalmente. Pintaba SAMO© (Same Old Shit) en muros del SoHo y dormía en parques, portales y sofás ajenos. Un poco como Limónov, pero en artista. Cuando conoció a Warhol, encontró un refugio estético, económico y emocional. Podríamos decir que se le apareció la Virgen: vio la luz. Pero… ¿qué vio Warhol en él? ¿Tal vez la quintaesencia del artista urbano, o tan solo un morenazo atractivo? Eso no lo sabemos.

    Lo que sí sabemos es que su unión fue fructífera: colaboraron en decenas de obras, pero el mundo del arte no acabó de fiarse de estos dos juntos. Es probable que no confiaran específicamente en las capacidades de Basquiat, más allá de las de engatusar a Warhol, y en sus problemas con las drogas. Lo cierto es que cuando Andy Warhol murió repentinamente en 1987, tras una operación de vesícula que no debiera haber dado problemas, Basquiat quedó a la deriva: no se pudo despedir… ni disculpar. Y tenía motivos para disculparse: se había convertido en un drogadicto, pero además habían tenido una bronca tremenda tras la crítica en el New York Times de una exposición conjunta que hicieron en la Tony Shafrazi Gallery, donde le llamaban “mascota de Warhol”. Aquello no era culpa de Warhol, pero Basquiat se enfureció con él. A partir de ahí se distanciaron. Y dos años más tarde, Andy Warhol murió.

    “Mi obra está compuesta en un 80% de ira”, dijo una vez. Con la misma ira, incapaz ya de volver a hacer las paces con Andy, un año después de su muerte, en una mala noche de agosto, se preparó el último de sus paraísos artificiales: un mix imposible de drogas que lo llevó a la muerte por sobredosis. A tomar por culo Basquiat. Y a los 27 años, como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain o Amy Winehouse. Uno más para el club de los malditos.

    Notary, de Basquiat (1983)
    Notary. Jean-Michel Basquiat (1983)

    Todo esto lo he ido aprendiendo después de admirar su obra y de imitarla al final de mi estancia en la escuela de arte, cuando tenía 23 años. Me fascinaba esa mezcla de arte callejero, africanismo, brutalismo, ausencia de perspectiva, de forma, de todo. Ausencia de reglas, en definitiva: un grito de libertad. ¡Que el arte sea libre y brutal! Fuera convencionalismos, abracemos nuestra esencia, aprovechémonos de lo poco que tenemos y gritemos bien fuerte. ¡Acabemos con el poder! ¡Abajo la ley!

    Todo esto es lo que me evocaba el arte de Basquiat, más allá de producirme o no placer estético —a Basquiat se la sudaba muchísimo el puto placer estético de los demás—: el arte como un fin para conseguir fama y dinero. Quienes le reprochan eso a Basquiat están precisamente confirmando la jodida genialidad del artista. ¿Quién podría compararse a él hoy? ¿Tal vez Maurizio Cattelan y su broma del plátano? ¿De quién pudo haber aprendido? ¿De Marcel Duchamp y su broma del urinario? De Willem de Kooning, casi seguro. Ahí está el arte de esta gente: “sabéis que soy artista y por eso vais a comprar mi obra y especular con ella. No sois mejores que yo, que hago mi arte para reírme de vosotros y esquilmaros”. Entre esas obras hay arte auténtico y arte para pagarse el último chute.

    Basquiat comprendió muy pronto cómo funcionaba el mundo del arte, qué teclas tocar para ir subiendo en dicho mundo, cómo aprovecharse —cual miss— de su cara y su cuerpo para atraer a las personas adecuadas y qué tipo de imagen le convenía más. Y además, el cabrón había empezado desde la indigencia. Y además, el cabrón hacía buen arte. Un arte de su tiempo, equiparable al de los demás titanes del momento: Keith Haring, Julian Schnabel y el ya mencionado Andy Warhol. Basquiat era un titán. Un ídolo. ¿Cómo no iba a querer imitarlo? Ah, lástima… de la escuela de arte no pasé más allá de medio porro, casi nada. Así… ¿cómo puede alguien llegar a artista?

  • La semana del arte

    La semana del arte

    Sin saber exactamente qué habíamos de encontrar en Art Madrid, nos vimos envueltos por multitud de galeristas que exponían con extremado buen gusto su mercancía. Había el tradicional pijerío que uno esperaría de una feria de arte contemporáneo, pero sin apabullar, no nos sentimos como un pulpo en un garaje, e incluso pudimos hablar con artistas y galeristas. La feria nos encantó, y los precios, los que estaban a la vista, no nos parecieron tan caros como la calidad del evento nos hacía suponer. Vamos, que si manejáramos un poco la Visa ORO algo nos habríamos llevado. Grata sorpresa de un lugar que nos esperábamos como un criadero de Ayusos con ínfulas artísticas y nos recibió como un pequeño oasis de galerías selectas con artistas realmente buenos

    Jaime Sancorlo. Of course you realize this means war!, 2023. Óleo sobre lienzo
    73 x 100 x 2 cm
    Jordi Díaz Alamà. Valor y al Toro, 2023. Óleo sobre lienzo encolado a tabla
    134 x 89 x 5 cm
    Nadia Benyahya. Batwoman en summer evening, 2019. Óleo sobre lienzo
    65 x 50 x 2 cm
    Mr. Brainwash. Chaplin, 2021. Serigrafía y técnica Mixta sobre papel
    56 x 56 cm

    Visitamos también la modesta feria ARTIST 360, que de contemporáneo no tenía mucho, pero sí que era una feria realmente indie donde más que galeristas había artistas que se pagaban su estand y trataban de vender su obra. Es decir, era una exposición que se hacía al calor de la semana del arte para los artistas más modestos que querían participar de la fiesta. Había mucha pintura más o menos vistosa, artistas que bien podrían estar en Just Mad o Art Madrid, pero lamentablemente no parecía haber un curator que hiciera criba alguna de lo presentado, por lo que te podías encontrar stands realmente buenos con otros de un amable señor o señora que estaba encantado de presentar sus marinas, sus cuadritos abstractos para decorar o sus láminas de reproducciones a diez euros.

    Al día siguiente, después de deleitarnos con Lucian Freud, nos fuimos a visitar la feria alternativa Just Mad, también de arte contemporáneo pero más indie, al menos así se vendía, pero en esencia era bastante similar a la de Art Madrid aunque con un pijerío más progre. De hecho, vimos allí a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, con su cohorte de enteradillos y seguratas.

    Esta fue la feria que más me gustó, claramente. Me sorprendió la vigencia de la pintura, en un espacio que yo esperaba más lleno de performance  e instalaciones. La realidad es que había allí obras figurativas, escultura, fotografía y pintura, rabiosamente contemporáneas, pero que no copan los titulares de las noticias porque son esencialmente bellas, ingeniosas, y no una boutade para darle la razón al merluzo que piensa que el arte actual es una basura.

    Arol. Looking with big eyes, 2023.
    Jesús Aguado: “La joven Ehime Daruma”. Acrílico en panel de madera acunado, 2023

    Pues bien, al día siguiente visitamos ARCO, en el IFEMA, y me sentí como el merluzo que efectivamente constata que su idea del arte actual es correcta: una tremenda basura pretenciosa que solo se compra y se vende para especular. En medio de una soledad de pabellones de obra vista, separados por pladur y cartón pluma, podías ver auténticas medianías dándose codazos con Miró o Chillida. La feria no tenía ningún sentido en cuanto al orden o la intención, más allá de apabullar con la cantidad de morralla y su abultado precio. Vimos allí a Feijóo, en el pabellón del diario El Mundo (numerosos diarios y marcas privadas tenían stand allí, vaya usted a saber por qué) admirando unas fotografías de un autor que tanto él como yo hemos olvidado. 

    El público de ARCO lo componíamos esa clase media aspiracional olvidada por la izquierda del país, que esperábamos desasnarnos con la contemplación del último grito en arte, pero que contemplábamos los divertimentos de los niños bien de una clase alta que se puede permitir tener una galería en ARCO. Obras que parecen copias de originales de principios de la vanguardia, aprendices de Basquiat, adoradores de Banksy, imitadores de Duchamp, wannabes de Warhol. Me esperaba poco y me encontré con menos. Toneladas de arte absolutamente prescindible. Con razón hay otras ferias como Art Madrid o Just Mad… ¿a qué artista o galería en su sano juicio le gustaría verse rodeado de semejante chusta? 

    Posiblemente la obra de ARCO que más me gustó y la que define mejor mi estado de ánimo en el momento de echar la foto.

    Entonces… ¿por qué ARCO? Porque fue la primera y porque si tienes los bolsillos llenos es el lugar idóneo para ver y ser visto, comprarte una obra para especular y poder presumir ante tus amigos del IBEX de que tienes tal o cual obra de un autor emergente cuyas obras sólo hacen que subir y subir en el fluctuante mercado del arte. ARCO es una feria para coleccionistas, no para gente a la que le gusta el arte. ¿Acaso todo es malo? Evidentemente no, estoy haciendo una crítica de trazo grueso, sí. Algunas cosas eran muy interesantes, otras pocas además daban qué pensar. Casi ninguna estéticamente bella, pero eso ya no importa, ¿verdad? 

    En definitiva, lo más codiciado era lo viejo: los Tapies, Chillida, Miró y similares, que de contemporáneo tienen tal vez entre ellos el siglo XX, pero no lo que se hace ahora, que por lo general poco o nada tiene que ver con lo suyo. Esos eran la presa gorda, lo que los millonetis codiciaban. ¡Qué pena, ARCO! ¿Volveré? No lo creo. A la semana del arte, sí, sin duda, porque raras veces puede uno contemplar tanta producción artística contemporánea en tan pocos días en un mismo lugar. 

    Las televisiones y los periódicos seguirán denostando el arte contemporáneo con alguna obra intrascendente pero mordaz que se exhiba en ARCO, mientras que lo contemporáneo y bueno de verdad se silenciará para que solo unos pocos entendidos lo admiren. De esta manera, ningún paisano podrá nombrar ni a un solo artista actual, ni qué obras son dignas de admirar en qué lugar. Manteniendo al obrero al margen del arte se le niega todo aquello que nos hace verdaderamente humanos. A ello se aplican con entusiasmo los medios del país, para su vergüenza.

  • Neorrancios

    Neorrancios

    Introducción

    Si el anterior título que reseñé me dejó un regustillo amargo a pesar de estar parcialmente de acuerdo en su tesis principal, este libro que hoy nos ocupa me ha hecho vomitar hasta sacar la bilis. Neorrancios es un panfleto de la órbita Podemos para desprestigiar a esa parte de la izquierda que no comulga con todos los postulados del humilde podcaster que dirige La Base

    Neorrancios pretende ser un libro que nos advierta sobre los peligros de las nostalgias, un libro para que nunca echemos la vista atrás, no vayamos a descubrir algo bueno en el pasado; un libro que nos anima a remar todos juntos en la misma dirección mirando hacia un futuro lleno de ilusión, así de naif. Numerosas voces nos advierten sobre lo malo que es idealizar un pasado que se nos muestra como una Arcadia feliz que en realidad fue prisión para muchos, sobre todo para los gays, lesbianas y transexuales, que han encontrado en las modernas ciudades la auténtica libertad. Un libro que, de forma paternal, les dice a las minorías lo que le conviene.

    Portada de Neorrancios, de varios autores (Península, 2022). Obsérvese el logo de la Falange en la gloriosa portada. Sutileza y elegancia. Fuente: https://www.planetadelibros.com/libro-neorrancios/343543

    Crítica de Neorrancios

    Que en los pueblos son más conservadores no parece que sea la revelación del siglo, pero atizarle a Ana Iris Simón en los morros bien vale la publicación de este panfleto, parece ser. Ese vendría a ser el resumen a brocha gorda. Ana Iris Simón escribió Feria, un libro sobre la España de su infancia comparándola a la España neoliberal actual, cometiendo el gravísimo error de envidiar la vida de sus padres, gente de clase media baja que podía ser propietaria de una vivienda y tener varios hijos. Los autores de Neorrancios nos advierten sobre el peligro de añorar la vida de nuestros padres, porque si pertenecías a una minoría oprimida en el pueblo lo pasabas mal.

    Llama poderosamente la atención que tantos intelectuales de izquierdas nacidos en los 80, la mayoría de ellos urbanitas o emigrados a la ciudad, se hayan puesto de acuerdo en lo esencial: criticar un libro que no se han leído. De la lectura de Neorrancios queda bastante claro que hacen referencia a una charla que dio Ana Iris Simón en La Moncloa, pero no a lo mollar de Feria, el libro de la discordia: su crítica al rápido ascenso del neoliberalismo ibérico (aquí mi reseña). 

    Este es el discurso que critican los autores del libro por el cual Ana Iris Simón ha sido calificada de neorrancia (eufemismo de fascista y falangista).

    No hay que meter a todos los coautores en el mismo saco, justo es de decir que alguno sí que se ha leído el libro (Eudald Espluga es el que escribe el comentario de mayor calidad, a mi juicio, que sí ofrece una perspectiva nueva); alguno de ellos en lugar de criticar “lo neorrancio” hablan sin pudor sobre “lo suyo”, sin importar que se esté escribiendo un libro coral con una problemática concreta: la izquierda rojiparda. ¿Sabían de qué tenían que escribir cuando recibieron “el encargo”? ¿O bien se pillaron textos ya escritos anteriormente para darle más empaque al panfleto? ¡Ah, no lo sabremos nunca!

    ¿Y qué es la izquierda rojiparda? Aquella izquierda que combina el rojo del comunismo con el pardo (marrón) del fascismo. Es decir, que según los autores de Neorrancios gente como Ana Iris Simón o Daniel Bernabé son fascistas. Hermanos de Ramón Tamames. Es cierto que algunas declaraciones de Ana Iris no ayudan mucho, y creo que lo hace efectivamente con el ánimo de provocar, de ganarse al público más conservador, a la vez que trata de separarse lo máximo posible de la izquierda identitaria de Podemos. Y por ello la atacan.

    Conclusión

    No hay que ser muy listo para darse cuenta de que Neorrancios supone un trágico error (¡uno más!) en la historia de la izquierda española y sus guerras cainitas. Un libro que señala a una serie de autores, Ana Iris Simón en particular, como la encarnación de todos los males de la mal llamada “izquierda fascista”, que ha cometido el terrible error de discrepar del ideario de un partido político que se ha aprovechado del ímpetu y las fuerzas del movimiento 15M desde su fundación: Podemos. Un partido para el cual solo existe una verdadera izquierda: la que sigue a pies juntillas los dictados del gran líder desde la radio del régimen: La Base

    Como veis, yo también sé criticar a lo bestia, sin contemplaciones, como se hace en este libro. Lógicamente, hay gente de la órbita de Podemos muy válida, pero libros sonrojantes como este le hacen a uno alejarse mucho, pero mucho, de lo que un día fue un proyecto ilusionante, hoy en día secuestrado por una comandita de arribistas que no entienden que su tiempo ya ha pasado.

    Menos neorrancios, amigos, y más materialismo histórico; dejad de señalar a quienes no os bailan el agua y fijaos en los problemas reales de los obreros, de los trabajadores precarios, de los autónomos, de los falsos autónomos, de los jóvenes, de los no tan jóvenes y, en suma, de la clase media aspiracional. 

    Ficha técnica

    TítuloNeorrancios
    AutoresBegoña Gómez Urzaiz | Pau Luque | Noelia Ramírez | Rocío Lanchares | Javier Gil | José Rama | Eudald Espluga | Rubén Serrano | Desirée Bela-Lobedde | Pablo Batalla | Mar García Puig
    EditorialPenínsula (Planeta)
    Año2022
    Páginas224
    CategoríaEnsayo
    Nota personal2
    Comentario finalUn panfleto sonrojante sobre lo que la verdadera izquierda debería pensar, y no lo que escribe Ana Iris Simón.
  • La trampa de la diversidad, de Daniel Bernabé

    La trampa de la diversidad, de Daniel Bernabé

    Introducción

    Daniel Bernabé es un escritor y activista político muy activo en redes sociales y en páginas digitales vinculadas a la izquierda tradicional. Colabora en InfoLibre, El País y la Cadena Ser, entre otras. A pesar de eso, está un tanto cancelado a causa del libro que vamos a reseñar hoy, donde nos explica “cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora”. 

    A modo de resumen, el libro nos advierte sobre la creciente polarización de las identidades oprimidas por el capitalismo y el patriarcado: los feminismos, el mundo queer, los animalistas, las personas racializadas, etc. Las reivindicaciones de estos grupos son justas y legítimas, pero por obra del sistema neoliberal “compiten” en un mercado de las identidades, que las convierte en excluyentes y aún más minoritarias, frágiles, fácilmente combatibles y, en suma, tremendamente débiles. Como conclusión, el sistema gana por partida doble: la clase social trabajadora se trocea según su identidad y pierde su fuerza colectiva, y dichas identidades son “absorbidas” por un mercado que las acoge pero les quita toda su fuerza combativa.

    Daniel Bernabé. Fuente: https://danielbernabe.com/sobre-daniel-bernabe/

    Crítica de La trampa de la diversidad, de Daniel Bernabé

    La primera parte del libro viene a ser como una especie de clase de historia absolutamente tendenciosa y sin ningún tipo de brillantez, más bien le hace sonrojar a cualquier persona mínimamente leída en cuestiones de historia. Pero la escribe Daniel para justificar todo lo que viene a continuación, y no le hace ninguna falta. Uno podría tirar el libro a la basura leyendo esa primera parte pensando que lo que viene es otra ristra de palabrería mitinera, pero sin embargo mejora porque en la segunda parte el autor lanza su verdadera tesis y le da algo en qué pensar al lector.

    La segunda parte y las sucesivas es lo que el autor quería explicar: la trampa de la diversidad. De cómo el mercado trocea a la clase trabajadora en identitarismos excluyentes que polarizan a su clase social y la hacen perder fuerza en las causas colectivas que realmente importan (según Bernabé).

    Puedo estar de acuerdo en la base principal de esta teoría, porque es evidente que el mercado tiene un don innato para mimetizarse con todo aquello que sea susceptible de venderse, ya sea un producto, un servicio o una idea. Los jóvenes abrazan una nueva ideología ya sea por convicción o por moda, y acto seguido compran toda una estética vinculada a dicha ideología, pero por el camino se olvidan de que pertenecen a una clase social antes que a un grupo identitario.

    Portada del libro La trampa de la diversidad, de Daniel Bernabé (Akal, 2018). Fuente: https://www.akal.com/libro/la-trampa-de-la-diversidad_48986/

    Coincido con Bernabé en la importancia de la clase social. Como fiel seguidor del materialismo histórico, creo que lo más determinante es la clase social en la que naces, que lo más urgente es combatir en la lucha de clases, que la clase obrera debe hacer causa común en un mundo injusto totalmente dominado por las leyes del mercado y el marco mental del neoliberalismo.

    Las empresas escuchan a las minorías y les ofrecen migajas: feminismo? mujeres directivas en puestos de administración; ecologismo? pintamos de verde el logo en los camiones de reparto; animalismo? te damos la opción de comer hamburguesa vegetal en nuestros restaurantes; racismo? ahí tienes afroamericanos e hindúes en tu nueva serie de televisión; queer? ¡acabamos de hacer una gala Dragqueen divertidísima!

    Conclusión

    El libro podría haber sido un artículo en la JotDown o algún sitio similar, no hacía falta soltar tanta jerigonza en un libro bastante aburrido escrito por un señor del PCE que se mata por colaborar en la muy tradicional prensa neoliberal. Es lo que hay, todos nos tenemos que ganar la vida, lo de las contradicciones y el dogmatismo, ya sabemos. Es una lástima, se podía haber argumentado muchísimo mejor todo lo que Daniel tenía que decir.

    Buenas ideas, mala ejecución. No creo que el sistema haya notado ninguna perturbación en la fuerza por culpa de este libro, que a la postre, tampoco ofrece ninguna alternativa al actual estado de las cosas dentro de las minorías oprimidas. Señalar los problemas está muy bien, pero hacer algo al respecto de dichos problemas sería algo muy a tener en cuenta para alguien que se considera a sí mismo activista político. ¿O acaso será que nada es tan sencillo como parece?

    Ficha técnica

    TítuloLa trampa de la diversidad
    AutorDaniel Bernabé
    EditorialAkal
    Año2018
    Páginas256
    CategoríaEnsayo
    Nota personal7
    Comentario finalUn artículo demasiado largo sobre las identidades y la clase social en el neoliberalismo.
  • Nadie se va a reir, de Juan Soto Ivars

    Nadie se va a reir, de Juan Soto Ivars

    Introducción

    Nadie se va a reír, el último ensayo del polémico escritor y columnista Juan Soto Ivars, es la crónica de la caída en desgracia del autor del Tour de La Manada, Anónimo García, fundador del colectivo Homo Velamine. Pero también es la crónica del poder de los medios de comunicación en su tarea de desinformación, así como del poder de las redes sociales en su labor de linchamiento y señalamiento. 

    Este libro viene a ser una continuación lógica de sus otros dos ensayos publicados en Debate: Arden las redes y La casa del ahorcado, en los que ya exponía los peligros de la cultura de la cancelación (la censura), así como del tabú en las guerras culturales de nuestro tiempo. Servidor se ha leído los tres libros de Soto Ivars aún a pesar de todo el hate que lleva encima (yo mismo le llamo Lamida de Vaca, como otros tuiteros, por su peculiar peinado), por sus posiciones al respecto del feminismo (que luego lo lees y es otra cosa) y por rojipardo (o neorrancio, que son eufemismos que usa la verdadera izquierda para decir facha a los que no son considerados como verdadera izquierda).

    Juan Soto Ivars (obsérvese el pelo). Fuente: https://juansotoivars.es/sobre-mi/

    Crítica de Nadie se va a reír, de Juan Soto Ivars

    Nadie se va a reír es el relato del auge y caída del colectivo Homo Velamine, y en particular de su cofundador Anónimo García, desde que iniciaron su activismo performativo ultrarracionalista con la vandalización de un monumento conmemorativo del 2 de mayo hasta la condena a prisión y multa (que asciende a 40.000€ con las costas) por el Tour de la Manada. En este libro Soto Ivars va desgranando los actos que hicieron y de qué manera fueron perdiendo apoyos en el colectivo feminista, con el que al principio colaboraban (como en el acto ultrarracionalista de Feministas con Esperanza Aguirre, la FEA).

    Portada de Nadie se va a reír, de Juan Soto Ivars (Debate, 2022)

    Uno de los problemas que permea en todo el libro es que ni Anónimo ni al parecer ningún otro miembro de Homo Velamine supo ver la dimensión de la cultura de la cancelación, que es el tema que le preocupa a Soto Ivars. En primer lugar, desdeñaron el poder manipulador de una prensa digital absolutamente tendenciosa según su sesgo, así como del poder mediático de la televisión tradicional para configurar marcos de pensamiento de los que es muy difícil escapar para el espectador medio. 

    Homo Velamine no podía ganar esa guerra, aunque plantara batalla, porque eran demasiado pequeños, además de que sus formas requerían de grandes dosis de ironía y sentido del humor fino, cosa que no funciona con un público acostumbrado al formato masticado y deglutido de los contenidos audiovisuales actuales.

    Anónimo García y Homo Velamine

    También el carácter extraño de Anónimo García le hizo perder amistades, puesto que no sabía separar su personaje de su persona, y no todo el mundo va a renunciar a su vida en favor del colectivo activista. Anónimo tampoco supo apreciar la dimensión del problema que se le venía encima con el Tour de la Manada. 

    De acuerdo, quería denunciar la hipocresía de los medios con respecto al supuesto respeto a la víctima, toda vez que no escatimaban en detalles sobre los hechos ocurridos, mostrando imágenes y trazando ellos mismos los recorridos de la Manada, mostrándolos sin pudor en televisión, sabedores de que esa casquería da audiencia, y por lo tanto publicidad (dinero).

    Ellos, los medios tradicionales, sí lo hicieron. Homo Velamine no. Solo querían denunciar esas prácticas con un falso tour, pero les salió el tiro por la culata, porque el problema de fondo no se llegó a discutir: está mal hacer espectáculo de una violación en grupo, lo haga quien lo haga, sea para el fin de que sea. Fin. No hay discusión. Está mal. Había que darle una vuelta a la idea. Pero no se hizo, ¿por qué?. En la respuesta a esa pregunta está esa desconexión de Homo Velamine con la sociedad y sus medios que critica el colectivo.

    Conclusión

    Tras leer este ensayo, así como los dos anteriores, me he congraciado con Soto Ivars, al cual lo tenía cancelado, por provocador, con esa pose de enfant terrible que me lleva a sus 40 añazos. Pero al igual que me pasó con Ana Iris Simón, lo único que había que hacer era leer sus libros y sus artículos. Seré un neorrancio, pero siempre hay que preguntarse quién cancela, quién mueve a la masa y qué se persigue de fondo. En definitiva, ¿a quién beneficia?

    Anónimo García pagó muy caro no saber ver la dimensión del desastre, esa tormenta perfecta entre unos medios dolidos por haberse tragado el cuento del falso tour de la Manada, ese colectivo feminista que actuó con toda su furia, el linchamiento en redes sociales, y de como todo ese caldo de cultivo hizo mella en lo judicial, aplicándole una condena ejemplarizante

    En mi opinión, Homo Velamine hizo mal en crear esa web del Tour de la Manada, pero la desproporción entre el acto y su condena es tan palmaria que alguien, en este caso Soto Ivars, que está en todos los saraos, tenía que hacer algo al respecto. Esperemos que con este libro la reputación de Anónimo García y del colectivo Homo Velamine se recupere, es una pena que algo tan divertido haya acabado así de mal.

    Ficha técnica

    TítuloNadie se va a reír
    AutorJuan Soto Ivars
    EditorialDebate (Penguin)
    Año2022
    Páginas224
    CategoríaEnsayo
    Nota personal7
    Comentario finalCrónica de la caída en desgracia del autor del Tour de La Manada, Anónimo García, fundador del colectivo Homo Velamine, que no supo ver la dimensión de la cultura de la cancelación.
  • Un poco de Lovecraft en juego

    Un poco de Lovecraft en juego

    En este episodio hablo de H. P. Lovecraft y su influencia en el mundo de los juegos: Arkham Horror, A Study in Emerald o La llamada de Cthulhu. Hago también una breve reseña del libro «H. P. Lovecraft. Contra el mundo. Contra la vida» del autor francés Michel Houellebecq, traducido por Encarja Castejón, que recientemente ha publicado Anagrama.

    Enlaces:

    Lovecraft, contra el mundo, contra la vida. Houellebecq: https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/lovecraft/9788433964663/A_555

    Cthulhu d100: https://rpggeek.com/rpg/37054/cthulhu-d100


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    Mecenas actuales: Pedro (Pedrote), Mónica.

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    El podcast del Carrascosa. Portada del S02E02 | Un poco de Lovecraft en juego

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  • Ai Wei Wei para torpes

    Ai Wei Wei para torpes

    Tal vez la mejor manera de introducirse de lleno en el conocimiento de la figura de Ai Weiwei sea a través del documental Never Sorry, de Alison Klayman, filme ganador del premio especial del Festival de Cine de Sundance. Podéis ver el documental online por Youtube y subtitulado, vamos, que no tenéis excusa. Pero tal vez no tengáis ganas de verlo sin saber de qué palo va Ai Weiwei. Hagamos una minima biografía del personaje, como para torpes.

    Quería ser como Warhol, pero…

    Ai Weiwei nace un año antes de la gran revolución cultural, el Gran Salto Adelante, de Mao Zedong. Un cambio hardcore para pasar de una economía agraria a una sociedad comunista. Esto no le mola nada al padre de Ai Weiwei, el poeta Ai Qing, que por protestar le cascan 16 años de trabajos agrarios, así que a vivir al campo él y toda su familia. Se entiende que un poquito de rencor puede haber, ya que Ai Weiwei no puede regresar a Pekín hasta 1975, donde finalmente puede optar a estudiar cine. Se alía con otros chinos artistoides en el colectivo Star y empieza a quejarse, al estilo de su padre, contra el gobierno y las nuevas políticas de Deng Xiaoping. Pero nuestro amigo Wei quiere más, quiere tener una carrera como artista reconocida, y eso en China lo tiene chungo, así que se va a Estados Unidos.

    En 1981 Ai Weiwei abandona China y se pira a Nueva York, donde definitivamente pierde la cabeza tratando de ser como Duchamp o Warhol. Esta etapa es algo así como de autoafirmación, es como decir: “sí, soy chino y no me conoce nadie, pero estoy en vuestra onda y puedo hacer lo mismo que vosotros”. La cosa no le va mal, toma buenas fotos, se integra en la sociedad y participa de sus reivindicaciones, casi podría decirse que es un neoyorquino más. Pero entonces ocurre algo que lo cambia todo: la masacre de Tiananmen. Esto plantea un dilema a Weiwei y el resto de la comunidad china en el extranjero: ¿cómo seguir considerándose un artista activista desde fuera, cuando la realidad es que haces falta en China?

    Regreso a China

    Ai Weiwei regresa a China en 1993, en parte por la delicada salud de su padre, la duda es ¿si su padre no hubiera empeorado, hubiera vuelto? ¿no le influyó Tiannamen para volver, como a otros de sus colegas? En mi opinión todavía no era el activista real que llegaría a ser, ya que todavía pensaba en el arte como un medio estético o de promoción de vanguardias, pero no como un medio político, como transmisor de mensajes y consignas que penetran en lo más hondo de la consciencia. Eso solo lo conseguiría más tarde, en mi opinión, a raíz del desastre de Sichuan.

    El 12 de mayo del 2008 se produce el terremoto de Sichuan, donde mueren 6000 alumnos debido a las deficientes estructuras construidas para los colegios, que se vinieron abajo cuando otros edificios mucho más antiguos sobrevivieron a los temblores. Este suceso marca un antes y un después. Weiwei, que se había ganado holgadamente la vida como arquitecto, artista y diseñador (esto es, no tocando los huevos al gobierno tanto como lo hacía su padre o él mismo años atrás) decide actuar y empieza a recopilar los nombres de los niños muertos, cosa que no estaba haciendo el gobierno, ya que lo que quería el partido era tapar el incidente para que no ensombreciera los Juegos Olímpicos, que se celebraban en China ese mismo año.

    Es a partir de Sichuan que Ai Weiwei se convierte en Ai Weiwei, en un artista de verdad, un activista inteligente y sin miedo, por vez primera en mucho tiempo. Ya no tiene que demostrar a nadie nada, ni pretende vender vanguardia alguna. Con su equipo se limita a cosechar datos, grabarlo todo, presentar un documental y hacer una exposición donde mostrar los nombres de los niños: So Sorry. Después estalla el escándalo de la leche para bebés en mal estado que afectó a 300.000 niños, eso en un país que tiene por ley poder tener solo a un hijo, es devastador. Weiwei pone voz a los afectados y sigue realizando documentales. El gobierno chino se empieza a molestar.

    El artista más influyente

    La molestia gubernamental lleva a Ai Weiwei al hospital, tras serle detectada una hemorragia interna debido al golpe que se llevó por parte de un policía chino, al tratar de testificar a favor de un colega artista, Tan Zuoren. De la tremenda hostia que se llevó y de la negación del gobierno a asumir que se la dieron Ai Weiwei hace otra obra, más dilatada en el tiempo, pero con la que trata de explicar el sistema burocrático chino, exponiendo todas las denegaciones y solicitudes de investigación de este suceso. Además, le clausuran el blog, que empezaba a ser demasiado popular en china, por lo que se crea una cuenta de Twitter: @aiww.

    “Exhorto a la gente a que actúen como «ciudadanos obcecados», que cuestionen y exijan siempre responsabilidades. Solo así podremos disfrutar de una vida saludable y feliz” Ai Weiwei

    En 2010 llega su obra más emblemática, la de las pipas de girasol. Sunflower Seeds. Cientos de pipas de girasol de porcelana, pintadas a mano, con las que quiere dar al menos los siguientes mensajes: reivindicar el trabajo artesano chino a través de los maestros de la porcelana, frente a la maquinaria de producción de baja calidad que provee de malos productos a los bazares de todo el mundo; lanzar un mensaje al gobierno, pues las pipas de girasol fueron un alimento básico durante la Revolución Cultural en los períodos de hambruna; la pipa de girasol es uno de los símbolos de los tiempos de Mao Zedong, cuando se representaba al máximo jefe político como el sol que daba luz a los campos de girasoles; estas semillas de girasol son además las nuevas semillas de las anteriores, pues los hijos de aquellos obreros y campesinos son hoy los jóvenes que piden democracia y libertad desde los tiempos de Tiannamen. El visitante de Sunflowers Seeds debe pisar las pipas para acceder a la obra; éstas pipas se mueven al paso de las personas que deambulan encima de ellas, pero no se rompen, es imposible destruirlas todas aunque sean muchos los pies que las pisotean.

    “La libertad conlleva el derecho a cuestionarlo todo” Ai Weiwei

    En 2011 derriban su estudio y lo detienen en el aeropuerto. Lo mantienen encarcelado durante casi tres meses, totalmente incomunicado y vigilado las 24 horas del día, incluso para ir a cagar. De esta situación hablará mucho más tarde, puesto que cuando es liberado prefiere no decir ni pío para no perjudicar a su familia, especialmente a su hijo. Pero luego se suelta y hace un videoclip deliberadamente obsceno para que rabien en el gobierno. Este vídeo, Dumbass, se puede ver en Youtube, donde cuelga todos sus trabajos audiovisuales, al alcance de todo el mundo, gratuitamente para llegar al máximo de gente posible.

    Podría decir más cosas sobre Ai Weiwei, pero con lo anterior ya tenemos lo básico para empezar a degustar su obra. Tal vez cabe destacar su avatar más reconocible, el de levantar el dedo corazón para simbolizar su oposición ante la cámara; rebelde y un punto irreflexivo, pero acorde con su mensaje de ruptura con todo poder establecido. Las fotografías de su trabajo en Study of Perspective son las más icónicas, las más irreverentes, pero también las más cristalinas, pues dicen: “estoy en contra de lo establecido, por muy honorable, bello y poderoso que sea, pues impide la libertad de alguna forma al ser canon, modelo de conducta, autoridad competente o conformismo”. Pues eso, este es Ai Weiwei, tal vez uno de los mejores artistas de todos los tiempos, aunque ahora igual eso no lo sabemos todavía. Pero lo es.

    “Tomo fotos todos los días, para mí es como dibujar. Es un ejercicio sobre lo que uno ve y cómo lo registra. Y un intento de no utilizar las manos sino más bien la visión y la mente. Tomar fotos es como respirar. Se convierte en parte de uno mismo” Ai Weiwei