Mes: marzo 2023

  • La semana del arte

    La semana del arte

    Sin saber exactamente qué habíamos de encontrar en Art Madrid, nos vimos envueltos por multitud de galeristas que exponían con extremado buen gusto su mercancía. Había el tradicional pijerío que uno esperaría de una feria de arte contemporáneo, pero sin apabullar, no nos sentimos como un pulpo en un garaje, e incluso pudimos hablar con artistas y galeristas. La feria nos encantó, y los precios, los que estaban a la vista, no nos parecieron tan caros como la calidad del evento nos hacía suponer. Vamos, que si manejáramos un poco la Visa ORO algo nos habríamos llevado. Grata sorpresa de un lugar que nos esperábamos como un criadero de Ayusos con ínfulas artísticas y nos recibió como un pequeño oasis de galerías selectas con artistas realmente buenos

    Jaime Sancorlo. Of course you realize this means war!, 2023. Óleo sobre lienzo
    73 x 100 x 2 cm
    Jordi Díaz Alamà. Valor y al Toro, 2023. Óleo sobre lienzo encolado a tabla
    134 x 89 x 5 cm
    Nadia Benyahya. Batwoman en summer evening, 2019. Óleo sobre lienzo
    65 x 50 x 2 cm
    Mr. Brainwash. Chaplin, 2021. Serigrafía y técnica Mixta sobre papel
    56 x 56 cm

    Visitamos también la modesta feria ARTIST 360, que de contemporáneo no tenía mucho, pero sí que era una feria realmente indie donde más que galeristas había artistas que se pagaban su estand y trataban de vender su obra. Es decir, era una exposición que se hacía al calor de la semana del arte para los artistas más modestos que querían participar de la fiesta. Había mucha pintura más o menos vistosa, artistas que bien podrían estar en Just Mad o Art Madrid, pero lamentablemente no parecía haber un curator que hiciera criba alguna de lo presentado, por lo que te podías encontrar stands realmente buenos con otros de un amable señor o señora que estaba encantado de presentar sus marinas, sus cuadritos abstractos para decorar o sus láminas de reproducciones a diez euros.

    Al día siguiente, después de deleitarnos con Lucian Freud, nos fuimos a visitar la feria alternativa Just Mad, también de arte contemporáneo pero más indie, al menos así se vendía, pero en esencia era bastante similar a la de Art Madrid aunque con un pijerío más progre. De hecho, vimos allí a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, con su cohorte de enteradillos y seguratas.

    Esta fue la feria que más me gustó, claramente. Me sorprendió la vigencia de la pintura, en un espacio que yo esperaba más lleno de performance  e instalaciones. La realidad es que había allí obras figurativas, escultura, fotografía y pintura, rabiosamente contemporáneas, pero que no copan los titulares de las noticias porque son esencialmente bellas, ingeniosas, y no una boutade para darle la razón al merluzo que piensa que el arte actual es una basura.

    Arol. Looking with big eyes, 2023.
    Jesús Aguado: “La joven Ehime Daruma”. Acrílico en panel de madera acunado, 2023

    Pues bien, al día siguiente visitamos ARCO, en el IFEMA, y me sentí como el merluzo que efectivamente constata que su idea del arte actual es correcta: una tremenda basura pretenciosa que solo se compra y se vende para especular. En medio de una soledad de pabellones de obra vista, separados por pladur y cartón pluma, podías ver auténticas medianías dándose codazos con Miró o Chillida. La feria no tenía ningún sentido en cuanto al orden o la intención, más allá de apabullar con la cantidad de morralla y su abultado precio. Vimos allí a Feijóo, en el pabellón del diario El Mundo (numerosos diarios y marcas privadas tenían stand allí, vaya usted a saber por qué) admirando unas fotografías de un autor que tanto él como yo hemos olvidado. 

    El público de ARCO lo componíamos esa clase media aspiracional olvidada por la izquierda del país, que esperábamos desasnarnos con la contemplación del último grito en arte, pero que contemplábamos los divertimentos de los niños bien de una clase alta que se puede permitir tener una galería en ARCO. Obras que parecen copias de originales de principios de la vanguardia, aprendices de Basquiat, adoradores de Banksy, imitadores de Duchamp, wannabes de Warhol. Me esperaba poco y me encontré con menos. Toneladas de arte absolutamente prescindible. Con razón hay otras ferias como Art Madrid o Just Mad… ¿a qué artista o galería en su sano juicio le gustaría verse rodeado de semejante chusta? 

    Posiblemente la obra de ARCO que más me gustó y la que define mejor mi estado de ánimo en el momento de echar la foto.

    Entonces… ¿por qué ARCO? Porque fue la primera y porque si tienes los bolsillos llenos es el lugar idóneo para ver y ser visto, comprarte una obra para especular y poder presumir ante tus amigos del IBEX de que tienes tal o cual obra de un autor emergente cuyas obras sólo hacen que subir y subir en el fluctuante mercado del arte. ARCO es una feria para coleccionistas, no para gente a la que le gusta el arte. ¿Acaso todo es malo? Evidentemente no, estoy haciendo una crítica de trazo grueso, sí. Algunas cosas eran muy interesantes, otras pocas además daban qué pensar. Casi ninguna estéticamente bella, pero eso ya no importa, ¿verdad? 

    En definitiva, lo más codiciado era lo viejo: los Tapies, Chillida, Miró y similares, que de contemporáneo tienen tal vez entre ellos el siglo XX, pero no lo que se hace ahora, que por lo general poco o nada tiene que ver con lo suyo. Esos eran la presa gorda, lo que los millonetis codiciaban. ¡Qué pena, ARCO! ¿Volveré? No lo creo. A la semana del arte, sí, sin duda, porque raras veces puede uno contemplar tanta producción artística contemporánea en tan pocos días en un mismo lugar. 

    Las televisiones y los periódicos seguirán denostando el arte contemporáneo con alguna obra intrascendente pero mordaz que se exhiba en ARCO, mientras que lo contemporáneo y bueno de verdad se silenciará para que solo unos pocos entendidos lo admiren. De esta manera, ningún paisano podrá nombrar ni a un solo artista actual, ni qué obras son dignas de admirar en qué lugar. Manteniendo al obrero al margen del arte se le niega todo aquello que nos hace verdaderamente humanos. A ello se aplican con entusiasmo los medios del país, para su vergüenza.

  • Neorrancios

    Neorrancios

    Introducción

    Si el anterior título que reseñé me dejó un regustillo amargo a pesar de estar parcialmente de acuerdo en su tesis principal, este libro que hoy nos ocupa me ha hecho vomitar hasta sacar la bilis. Neorrancios es un panfleto de la órbita Podemos para desprestigiar a esa parte de la izquierda que no comulga con todos los postulados del humilde podcaster que dirige La Base

    Neorrancios pretende ser un libro que nos advierta sobre los peligros de las nostalgias, un libro para que nunca echemos la vista atrás, no vayamos a descubrir algo bueno en el pasado; un libro que nos anima a remar todos juntos en la misma dirección mirando hacia un futuro lleno de ilusión, así de naif. Numerosas voces nos advierten sobre lo malo que es idealizar un pasado que se nos muestra como una Arcadia feliz que en realidad fue prisión para muchos, sobre todo para los gays, lesbianas y transexuales, que han encontrado en las modernas ciudades la auténtica libertad. Un libro que, de forma paternal, les dice a las minorías lo que le conviene.

    Portada de Neorrancios, de varios autores (Península, 2022). Obsérvese el logo de la Falange en la gloriosa portada. Sutileza y elegancia. Fuente: https://www.planetadelibros.com/libro-neorrancios/343543

    Crítica de Neorrancios

    Que en los pueblos son más conservadores no parece que sea la revelación del siglo, pero atizarle a Ana Iris Simón en los morros bien vale la publicación de este panfleto, parece ser. Ese vendría a ser el resumen a brocha gorda. Ana Iris Simón escribió Feria, un libro sobre la España de su infancia comparándola a la España neoliberal actual, cometiendo el gravísimo error de envidiar la vida de sus padres, gente de clase media baja que podía ser propietaria de una vivienda y tener varios hijos. Los autores de Neorrancios nos advierten sobre el peligro de añorar la vida de nuestros padres, porque si pertenecías a una minoría oprimida en el pueblo lo pasabas mal.

    Llama poderosamente la atención que tantos intelectuales de izquierdas nacidos en los 80, la mayoría de ellos urbanitas o emigrados a la ciudad, se hayan puesto de acuerdo en lo esencial: criticar un libro que no se han leído. De la lectura de Neorrancios queda bastante claro que hacen referencia a una charla que dio Ana Iris Simón en La Moncloa, pero no a lo mollar de Feria, el libro de la discordia: su crítica al rápido ascenso del neoliberalismo ibérico (aquí mi reseña). 

    Este es el discurso que critican los autores del libro por el cual Ana Iris Simón ha sido calificada de neorrancia (eufemismo de fascista y falangista).

    No hay que meter a todos los coautores en el mismo saco, justo es de decir que alguno sí que se ha leído el libro (Eudald Espluga es el que escribe el comentario de mayor calidad, a mi juicio, que sí ofrece una perspectiva nueva); alguno de ellos en lugar de criticar “lo neorrancio” hablan sin pudor sobre “lo suyo”, sin importar que se esté escribiendo un libro coral con una problemática concreta: la izquierda rojiparda. ¿Sabían de qué tenían que escribir cuando recibieron “el encargo”? ¿O bien se pillaron textos ya escritos anteriormente para darle más empaque al panfleto? ¡Ah, no lo sabremos nunca!

    ¿Y qué es la izquierda rojiparda? Aquella izquierda que combina el rojo del comunismo con el pardo (marrón) del fascismo. Es decir, que según los autores de Neorrancios gente como Ana Iris Simón o Daniel Bernabé son fascistas. Hermanos de Ramón Tamames. Es cierto que algunas declaraciones de Ana Iris no ayudan mucho, y creo que lo hace efectivamente con el ánimo de provocar, de ganarse al público más conservador, a la vez que trata de separarse lo máximo posible de la izquierda identitaria de Podemos. Y por ello la atacan.

    Conclusión

    No hay que ser muy listo para darse cuenta de que Neorrancios supone un trágico error (¡uno más!) en la historia de la izquierda española y sus guerras cainitas. Un libro que señala a una serie de autores, Ana Iris Simón en particular, como la encarnación de todos los males de la mal llamada “izquierda fascista”, que ha cometido el terrible error de discrepar del ideario de un partido político que se ha aprovechado del ímpetu y las fuerzas del movimiento 15M desde su fundación: Podemos. Un partido para el cual solo existe una verdadera izquierda: la que sigue a pies juntillas los dictados del gran líder desde la radio del régimen: La Base

    Como veis, yo también sé criticar a lo bestia, sin contemplaciones, como se hace en este libro. Lógicamente, hay gente de la órbita de Podemos muy válida, pero libros sonrojantes como este le hacen a uno alejarse mucho, pero mucho, de lo que un día fue un proyecto ilusionante, hoy en día secuestrado por una comandita de arribistas que no entienden que su tiempo ya ha pasado.

    Menos neorrancios, amigos, y más materialismo histórico; dejad de señalar a quienes no os bailan el agua y fijaos en los problemas reales de los obreros, de los trabajadores precarios, de los autónomos, de los falsos autónomos, de los jóvenes, de los no tan jóvenes y, en suma, de la clase media aspiracional. 

    Ficha técnica

    TítuloNeorrancios
    AutoresBegoña Gómez Urzaiz | Pau Luque | Noelia Ramírez | Rocío Lanchares | Javier Gil | José Rama | Eudald Espluga | Rubén Serrano | Desirée Bela-Lobedde | Pablo Batalla | Mar García Puig
    EditorialPenínsula (Planeta)
    Año2022
    Páginas224
    CategoríaEnsayo
    Nota personal2
    Comentario finalUn panfleto sonrojante sobre lo que la verdadera izquierda debería pensar, y no lo que escribe Ana Iris Simón.
  • La trampa de la diversidad, de Daniel Bernabé

    La trampa de la diversidad, de Daniel Bernabé

    Introducción

    Daniel Bernabé es un escritor y activista político muy activo en redes sociales y en páginas digitales vinculadas a la izquierda tradicional. Colabora en InfoLibre, El País y la Cadena Ser, entre otras. A pesar de eso, está un tanto cancelado a causa del libro que vamos a reseñar hoy, donde nos explica “cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora”. 

    A modo de resumen, el libro nos advierte sobre la creciente polarización de las identidades oprimidas por el capitalismo y el patriarcado: los feminismos, el mundo queer, los animalistas, las personas racializadas, etc. Las reivindicaciones de estos grupos son justas y legítimas, pero por obra del sistema neoliberal “compiten” en un mercado de las identidades, que las convierte en excluyentes y aún más minoritarias, frágiles, fácilmente combatibles y, en suma, tremendamente débiles. Como conclusión, el sistema gana por partida doble: la clase social trabajadora se trocea según su identidad y pierde su fuerza colectiva, y dichas identidades son “absorbidas” por un mercado que las acoge pero les quita toda su fuerza combativa.

    Daniel Bernabé. Fuente: https://danielbernabe.com/sobre-daniel-bernabe/

    Crítica de La trampa de la diversidad, de Daniel Bernabé

    La primera parte del libro viene a ser como una especie de clase de historia absolutamente tendenciosa y sin ningún tipo de brillantez, más bien le hace sonrojar a cualquier persona mínimamente leída en cuestiones de historia. Pero la escribe Daniel para justificar todo lo que viene a continuación, y no le hace ninguna falta. Uno podría tirar el libro a la basura leyendo esa primera parte pensando que lo que viene es otra ristra de palabrería mitinera, pero sin embargo mejora porque en la segunda parte el autor lanza su verdadera tesis y le da algo en qué pensar al lector.

    La segunda parte y las sucesivas es lo que el autor quería explicar: la trampa de la diversidad. De cómo el mercado trocea a la clase trabajadora en identitarismos excluyentes que polarizan a su clase social y la hacen perder fuerza en las causas colectivas que realmente importan (según Bernabé).

    Puedo estar de acuerdo en la base principal de esta teoría, porque es evidente que el mercado tiene un don innato para mimetizarse con todo aquello que sea susceptible de venderse, ya sea un producto, un servicio o una idea. Los jóvenes abrazan una nueva ideología ya sea por convicción o por moda, y acto seguido compran toda una estética vinculada a dicha ideología, pero por el camino se olvidan de que pertenecen a una clase social antes que a un grupo identitario.

    Portada del libro La trampa de la diversidad, de Daniel Bernabé (Akal, 2018). Fuente: https://www.akal.com/libro/la-trampa-de-la-diversidad_48986/

    Coincido con Bernabé en la importancia de la clase social. Como fiel seguidor del materialismo histórico, creo que lo más determinante es la clase social en la que naces, que lo más urgente es combatir en la lucha de clases, que la clase obrera debe hacer causa común en un mundo injusto totalmente dominado por las leyes del mercado y el marco mental del neoliberalismo.

    Las empresas escuchan a las minorías y les ofrecen migajas: feminismo? mujeres directivas en puestos de administración; ecologismo? pintamos de verde el logo en los camiones de reparto; animalismo? te damos la opción de comer hamburguesa vegetal en nuestros restaurantes; racismo? ahí tienes afroamericanos e hindúes en tu nueva serie de televisión; queer? ¡acabamos de hacer una gala Dragqueen divertidísima!

    Conclusión

    El libro podría haber sido un artículo en la JotDown o algún sitio similar, no hacía falta soltar tanta jerigonza en un libro bastante aburrido escrito por un señor del PCE que se mata por colaborar en la muy tradicional prensa neoliberal. Es lo que hay, todos nos tenemos que ganar la vida, lo de las contradicciones y el dogmatismo, ya sabemos. Es una lástima, se podía haber argumentado muchísimo mejor todo lo que Daniel tenía que decir.

    Buenas ideas, mala ejecución. No creo que el sistema haya notado ninguna perturbación en la fuerza por culpa de este libro, que a la postre, tampoco ofrece ninguna alternativa al actual estado de las cosas dentro de las minorías oprimidas. Señalar los problemas está muy bien, pero hacer algo al respecto de dichos problemas sería algo muy a tener en cuenta para alguien que se considera a sí mismo activista político. ¿O acaso será que nada es tan sencillo como parece?

    Ficha técnica

    TítuloLa trampa de la diversidad
    AutorDaniel Bernabé
    EditorialAkal
    Año2018
    Páginas256
    CategoríaEnsayo
    Nota personal7
    Comentario finalUn artículo demasiado largo sobre las identidades y la clase social en el neoliberalismo.