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Blog personal de Xavier Carrascosa, amb articles sobre arts & humanitats, disseny, jocs, i llibres.

  • Quiniela Ministerial


    Dado el más que probable descalabro del PSOE en las próximas Generales y la consiguiente victoria por aplastante mayoría absoluta del PP, hago mi particular quiniela ministerial, en base a los más activos simpatizantes y miembros del partido de la gaviota azul. He aquí mi humilde propuesta:
    Presidencia del Gobierno
    Mariano Rajoy
    Ministerio de Administraciones públicas
    Francisco Camps
    Ministerio de Ciencia y Tecnología
    Federico Jiménez Losantos
    Ministerio de Economía
    Santiago Niño Becerra
    Ministerio de Interior
    César Vidal
    Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación
    Miguel Arias Cañete
    Ministerio de Cultura y Deporte
    Juan Manuel de Prada
    Ministerio de Fomento
    Carlos Fabra
    Ministerio de Justicia
    Isabel San Sebastián
    Ministerio de Sanidad y Consumo
    Manuel Torreiglesias
    Ministerio de Asuntos Exteriores
    Fernando Sánchez Dragó
    Ministerio de Defensa
    Carlos Dávila
    Ministerio de Medio Ambiente
    Esteban González Pons
    Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales
    Salvador Sostres
    Portavoz del Gobierno
    Nacho Villa / Pedro J. Ramírez

  • La prima de riesgo

    Por lo visto España está a puntito de entrar en el selecto grupo de países que se van al garete, junto con Grecia, Portugal, Irlanda e Italia. La culpa de ello la tiene la prima de riesgo, que está disparada porque la otra prima, la de Italia, está ya de parranda en una mansión con Berlusconi. ¿Pero qué es la prima de riesgo? Se trata de la remuneración adicional que se tiene que ofrecer a un inversor a modo de premio por haber invertido en un proyecto arriesgado en lugar de en una inversión segura. Ahora España es una golosina en el patio de un colegio de inversores.
    En términos financieros, la prima de riesgo es el diferencial de rendimientos entre un activo arriesgado respecto de un activo libre de riesgos. En el mercado de los bonos gubernamentales hace referencia al credit spread, es decir, al diferencial de rendimiento producido por el riesgo crediticio entre el tipo de interés de los bonos gubernamentales de un país respecto a los tipos de interés de otro país de referencia (en la UE es Alemania), razón por la cual a veces también se usa la expresión «Riesgo-país». En otras palabras, la prima de riesgo refleja el rendimiento neto adicional que un inversor demanda por invertir en la deuda emitida por un país con más riesgo crediticio respecto de la seguridad en la inversión en un país como Alemania. 
    Así que es mucho más seguro invertir en Alemania, porque su prima de riesgo es prácticamente nula, pero es mucho más jugoso invertir sobre España, porque las ganancias pueden ser mucho más mayores gracias a su prima de riesgo… a costa de perderlo todo, si el país no puede pagar… pero ¡tranquilos todos! que para eso están los fondos de rescate, para poder pagar a esos inversores (y no para inyectar dinero en un país, como se cree). Cualquier inversor con dinero puede hacerse de oro en cuestión de minutos, especulando en el mercado de los bonos gubernamentales; lo que eufemísticamente se llama «los mercados». Luego están aquellas empresas –sí, empresas– que califican los riesgos de los activos financieros de los países, y determinan con sus estudios la prima de riesgo acorde: son las llamadas agencias de rating, con Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch a la cabeza.
    Por este arte de biribirloque el sector empresarial y financiero es el que tiene capacidad para hundir países según convenga a sus intereses. Sospecho que este sistema lo ideó Magneto en estrecha colaboración con Lex Luthor, porque de tan malvado resulta cómico. Es tan sencillo, y a la vez tan complicado a los ojos de aquellos que no somos brokers ni especulamos en bolsa, que causa indignación, rechazo y un largo etcétera de reproches que van a caer en saco roto, puesto que nuestra capacidad para cambiar este hecho es nula: se limita a depositar un papel en una urna cada cuatro años y rezarle a Dios para que los «los mercados» nos tengan confianza.
    La validez de las agencias de rating está fuertemente consolidada: en 2008 dieron la máxima calidad a los bonos emitidos por Lehman Brothers justo antes de su quiebra. Tendrían que haber amonestado a estas empresas, ¿no? ¡Pues no! Según García Montalvo, de la Universitat Pompeu Fabra

    «(…) si la agencia pone una calificación a tus activos que no te convence, puedes no pagar, así que les interesa poner AAA porque si no el cliente podría irse. (…) Antes estas agencias tenían los incentivos correctos porque sus clientes eran los inversores y la agencia tenía que decirles la verdad. El problema [ahora] es que nadie sabe el modelo que utilizan para calcular [la solvencia], cobran por hacerlo, pero no te dicen sus variables. Lo que sí sabemos es que en los últimos siete años no han modificado sus modelos, y estos tenían errores.»

    Sobran las palabras, estamos en manos de tiburones financieros; de empresas de calificación con la solvencia de la bruja Lola; de políticos en manos de la banca que paga sus campañas; de informaciones sobre este hecho brumosas y equívocas al estar las empresas de comunicación en el mismo barco que los políticos… y sin una salida honrosa en el horizonte.
    Con más de la mitad del mundo indignada, con más manifestaciones, paros y movilizaciones mundiales que en cualquier otro momento de la historia, con la tasa más alta de abstención que pone de manifesto el divorcio entre los gobernantes y los gobernados, con estas empresas gigantescas fuera de todo control, y con más población que nunca en el mundo, toda ella desencantada, en la miseria y sin perspectivas de futuro… ¿como no perder el optimismo y pensar que ya todo da igual? ¿Como no darle razón a Francis Fukuyama, que en 1992 proclamó que estábamos en el fin de la historia? Tal vez los mayas tenían razón en sus profecías, y estamos en el albor de un cambio radical de los tiempos. ¿A dónde vamos? Y sobretodo ¿quién nos conduce allí? ¿vamos de la mano o con argollas?
  • El debate electoral de 2011

    El debate electoral de 2011

    El debate de la campaña electoral de 2011 se celebró el 7 de noviembre, rodeado de un ambiente de gran expectación entre los periodistas. En el debate, dos presidenciables entre los más de cuarenta que los españoles pueden elegir, se dedicaron a decir «¡y tú más!» en unos cruces dialécticos propios del catetismo ilustrado en la línea que separa la barra del bar de la mesa de tertulias televisivas. Se puede decir, con toda la razón, que ni ha ganado la derecha ni la izquierda –la izquierda ni se presentaba, yo solo vi una derecha conservadora y otra progresista–, en todo caso ha ganado el ytumasismo, una clara tendencia al alza entre los partidos que llevan gobernando toda la vida en España.
    Empecemos por el muñeco que representaba a los intereses de la patronal, digo el PP. Las propuestas de un Rajoy con sonrisa beatífica eran tan sencillas como el mecanismo de un chupete; esto es, que todo se resuelve con la creación de empleo, que se genera por el simple hecho de un cambio de gobierno. Una vez que se genera empleo por este axioma todo lo demás es coser y cantar. Para decir esta gran verdad tuvo que leer continuamente de su papelito, que con tanto mimo le habían preparado sus asesores. Es como decir que para que los bancos vayan bien la gente tiene que tener dinero en ellos, y tengo que apuntarme esta frase en un post-it y leerla todo el rato a ver si así se me queda. Tampoco Rajoy se sabía el nombre del candidato que tenía enfrente, puesto que lo llamó Rodríguez Zapatero en un par de ocasiones; puro déjà vu, ya lleva dos elecciones perdidas con esa bestia negra que ahora se ha convertido otra vez en bambi.
    Por otro lado, teníamos al candidato Rubalcaba, con un discurso que empezó por echar en cara a Rajoy sus desmanes en el gobierno, su discurso deliberadamente ambiguo y su implicación en la crisis. Todo bien de no ser que Rajoy no es el presidente –ni siquiera manda en su partido– y es Rubalcaba el que está gobernando. De poco le sirvió al del PSOE, que no andaba falto de razón, recordarle a Rajoy que la crisis que vivimos ahora viene por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria que surgió en los años más duros del aznarismo. Tampoco le ayudó sembrar las dudas acerca de la posibilidad que el PP recorte las libertades sociales conseguidas, como el matrimonio homosexual, la ley de muerte digna o el aborto, que son opciones y no imposiciones. De nada sirvió recordarle a Rajoy los párrafos más oscuros de su programa electoral, donde se insinúan recortes en derechos a los trabajadores, revisiones de pensiones cada dos años y rebajas en la prestación del paro. Todo ello no impidió que el gran agujero de los cinco millones de parados dejara de ser más visible. Incluso Campo Vidal, el moderador del debate, le pasó a Rubalcaba una pala para que empezara a cavar su tumba política; esto sucedió cuando las cámaras no enfocaban, pero la pala está ya está en Ferraz, esperando encontrar acomodo en un despacho de Telefónica.
    Me interesaron especialmente el apartado que dedicaron los candidatos a hablar sobre medio ambiente, inmigración y cultura. Por su ausencia, me refiero. ¿Cómo voy a votar a un partido que no tiene en cuenta estas realidades sociales que también forman el país que pretenden gobernar? ¿Qué pasará con los inmigrantes que viven en España y que se levantan cada día con la espada de Damocles en el pecho, sin saber si a partir del 20N se endurecerán las condiciones de vida para ellos? ¿Qué pasará con el aire de nuestras ciudades, la conservación de nuestros montes, la calidad de nuestro litoral costero? ¿A dónde se dirigirá la cultura de este país si tiene que depender del mecenazgo y el patrocinio privado? ¿Acaso todas estas cuestiones no son importantes? ¿Acaso solo importa el dinero? ¿De verdad alguien cree que se puede vivir feliz –ya no digo crecer, pues me niego a valorar la vida en términos capitalistas– en un país con menos habitantes, enfermo y cateto?
    Me hubiera interesado más un debate con la participación de IU, UPyD y Equo, puesto que son los partidos minoritarios que más cosas han dicho en esta campaña y que más posibilidad de cambios pueden hacer. Los dos partidos mayoritarios están atados de pies y manos, como la prensa, por los poderes económicos que les financian –la gran banca, las empresas de comunicación y las de energía–, por tanto nada va a cambiar en el panorama político si seguimos votando a unos señores que llevan toda la vida gobernando y que nos han conducido a esta situación. Los dos, Rajoy y Rubalcaba, han estado ya en el gobierno, y los dos son culpables de haber conducido a España hasta este callejón sin salida en el que nos encontramos. Votarles significa volver a los viejos remedios, significa volver a tenerles ahí de por vida, como si no llevaran toda una vida organizando nuestro porvenir, desde el Prestige, Sitel y demás pecados de cada uno, su currículum por sí solo debería bastar para que no depositáramos nunca jamás nuestra confianza en ellos.
    Soy de la firme opinión que únicamente un nuevo partido, sin las ataduras de los grandes, puede realmente hacer cambios de calado en España. Un partido que no pueda esgrimir el ytumasismo a sus adversarios, y que en su lugar, tienda puentes de diálogo con todos porque ningún interés le ate a una determinada cerrazón ideológica. Uno de esos partidos que no sale en los medios porque no los tiene controlados, que genera ilusión y cambio. Uno de esos partidos que no salen en los debates electorales porque puede sacar a relucir las vergüenzas de los candidatos, sus penas y sus faltas. Se impone el cambio de ciclo, la regeneración del espectro político del país; falta masa intelectual en el hemiciclo, falta fuerza en Europa, sobra la soberbia en los presidentes autonómicos, sobran la mitad de los consejeros de esos presidentes.
    En conclusión, el debate ha servido para saber como piensan estos títeres de los poderes económicos del país. ¿La dación en pago? una quimera. ¿La ecología? eso es para hipis colgaos. ¿La vivienda digna? puro eslogan de universitarios. ¿La educación gratuita? ya la tenemos, solo que se tiene que pagar. ¿La sanidad? pues lo mismo que la educación. ¿La cultura? ahí está la tele. ¿Europa? eso es para pedir ayudas agrícolas. ¿La igualdad de oportunidades? pues anda que no hay mujeres de su casa en puestos de responsabilidad. ¿Me dejo algo? no lo sabemos, pero en todo caso, ya lo habíamos pensado. Mientras tanto, antes de que acabara el debate, los periodistas hooligans ya daban ganador a quien tiene que pagarles el pan, los tertulianos voceros ya insultaban ora a uno ora al otro, y la gente común se iba a dormir con la terrible sensación de que habrá un cambio, sí, para que todo siga igual.

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