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Blog personal de Xavier Carrascosa, amb articles sobre arts & humanitats, disseny, jocs, i llibres.

  • Porqué mañana voy a la huelga

    Porqué mañana voy a la huelga

    «Los miserables que acceden a los cargos,
    cuanto más indignos son al llegar a ellos tanto más ociosos se hacen
    y más se llenan de insensatez y de engreimiento.»
    Demócrito

    Según el gobierno y la Patronal, que para el caso es lo mismo, mañana no deberíamos hacer huelga porque no es el mejor momento y daña la imagen del país, concretamente «la marca España». Curioso, que los trabajadores dañen la imagen del país y que no lo hagan los consejeros de bancos que no saben nada de banca y que han ayudado a que hoy tengamos una monstruosa deuda que a todas luces se antoja impagable.

    Pero como buenos patriotas, debemos ir a trabajar, eso el que pueda. Que hay casi seis millones de personas en éste país que están en el paro, gente que según algunos políticos no trabajan porque no quieren, porque son vagos de solemnidad, cuando no liberados sindicales o quinceemes. «Que se jodan» y que sigan en el lodo, pero que no salgan a protestar, no fuera el caso que algún inversor quisiera invertir en la nebulosa «marca España» y no lo hiciera al ver una manifestación de indeseables. Que el inversor, en circunstancias normales, en este país domado y con seis millones de parados en ciernes,  cuyos gobernantes arrojan a los suicidados a supuestas herencias recibidas no vislumbradas, invertirá pues no hay mejor trabajador que aquél que siendo esclavo se observa a sí mismo como buen patriota.

    Por supuesto, nada de lo que mañana ocurra cambiará la tónica general de los acontecimientos, a no ser que ocurra algo similar a lo de Barakaldo, pues a los actuales gobernantes solo la sangre parece hacerles reaccionar, además de la pérdida de sus iPads. Que se acerca la navidad, y algo habrá que regalarle a la querida. Así pues, nada de huelgas ni manifestaciones, todo el mundo a trabajar, el que pueda, y el que no que se quede en casa a apuntarse a ofertas de trabajo insultantes por InfoJobs.

    Yo, como soy tan mal español, además de catalán, que es «doble win», voy a ir a la huelga. Bastante mal me supo no ir a la anterior y comprobar pocas semanas después el premio a tal fidelidad para con mi anterior empresa. Comprenderé que haya trabajadores aterrados que aún queriendo ir a la huelga no vayan por el pavor que da la amenaza del despido. No seré yo quién les señale con el dedo, pues yo fui uno de ellos. Pero yo ya no tengo miedo a este gobierno, ni a sus lacayos, ni a sus amos. Mañana voy a ejercer mi derecho a huelga y manifestación, y voy a gritar junto a todo aquél que piense como yo que nos merecemos el respeto y la dignidad que nos quieren arrebatar. Solo voy a pedir respeto y dignidad; el trabajo ya me lo buscaré yo, que no me hace falta mendigar a nadie.

    «La pobreza en una democracia es preferible al llamado bienestar de manos de los poderosos, en la misma medida en que la libertad lo es a la esclavitud.»
    Demócrito

    Porque si algo me gusta menos que este gobierno, son estos conciudadanos domesticados, que pudiendo cambiar las cosas, con el poder que tienen y tenemos, se convierten en esclavos de sí mismos y repiten las pautas y conductas que nos llevan de cabeza a la servidumbre. Aborrezco a esos adocenados votantes del PP de Galicia, que pudiendo infligir un merecido escarmiento a sus gobernantes han optado por premiarles como si fueran dioses con la preciada ambrosía de la mayoría absoluta. Aborreceré a los crédulos independentistas que voten a CiU, pues con su voto se olvidarán las corruptelas y juegos de poder que hunden cada día más a esta Catalunya otrora poderosa y hoy una mercancía de a euro la receta en manos de las consabidas 300 familias de la burguesía catalana que gobiernan de facto este improbable estado.

    En conclusión, voy a la manifestación de mañana, a las 18h en Plaça Catalunya, por el hartazgo y la náusea que me provocan un estado enfermo y un pueblo sumiso, unidos a unos medios de comunicación comprados y maniatados por sus acreedores e inversores, como El País. Voy a la huelga de mañana porque reniego de este canto del cisne del país antes de convertirnos definitivamente en Grecia. No repetiré los eslóganes de los sindicatos tradicionales, puesto que no tengo porqué usar palabras que no sean las mías propias: tampoco necesito un altavoz que me diga lo que tengo que pensar. Que me una a vuestro llamamiento, sindicatos, no hará que me olvide de vuestras faltas, aunque hoy por hoy, sois un mal menor. En fin, estos son mis motivos, ¿cuáles son los tuyos?

    «No por miedo, sino por obligación, hay que apartarse de los yerros.»
    Demócrito


  • Crisis y libertad política

    Crisis y libertad política

    Tras leer a Platón y comprender que su República ideal está escrita con todo el rencor del mundo hacia su sociedad, que mató a Sócrates, y que esta sociedad se denominaba a sí misma como libre y democrática, entiendo que haya dudas sobre si la libertad del individuo conduce hacia la felicidad de todo el colectivo, teniendo en cuenta que solo unos cuantos harán uso efectivo, real y crítico de esta libertad otorgada, máxime cuando el resto lo único que pretende es vivir en paz y sin enredos. Es en momentos de crisis como el actual que se muestra claro como un axioma que la masa se vuelve conservadora cuando teme por su futuro.

    En nuestro país, libre, y en nuestra sociedad, libre también, se vota mayoritariamente en clave conservadora: CiU en el ámbito catalán y PP en el ámbito estatal. ¿Qué nos dice esto? Que pudiera ser que la gente tenga un miedo irracional a hacer uso de su fuerza individual, y que necesita –implora– un guía, alguien que le diga lo que tiene que hacer. Platón lo entendió y dictaminó que los más calificados para guiar al pueblo eran los filósofos, y tal vez no le faltara razón. Ahora bien, ¿qué pasa con aquellos pocos que quieren la libertad en lugar de la seguridad? ¿Dónde quedan?

    En fin, parece que verdaderamente nadie quiere una libertad plena. En la medida en que todos criticamos a ésta sociedad, pero nadie hace nada para cambiarlo y cuando existe tal posibilidad de cambio –democráticamente– no solo no cambia, sino que se perpetúa con más fuerza, queda claro que en nuestro mundo actual no queremos cambios significativos. O en todo caso, que estos los hagan otros, porque si algo caracteriza a nuestra sociedad es que sabemos que las cosas están mal, cierto, y las criticamos, sí; pero nadie toma partido y se implica en el cambio. No vaya a ser que por el camino perdiéramos la seguridad, en nuestra búsqueda del ideal. 

  • Comentarios sobre la Utopía de Tomás Moro

    Comentarios sobre la Utopía de Tomás Moro

    Utopía era una isla descrita por Thomas Moore (Tomás Moro en castizo) en 1516, unos años después de que Colón descubriera América, con lo que posiblemente el inglés pudo jugar a describir este no-lugar como algo verosímil, como algo que podría llegar a ser verdad en tierras ignotas. Porque Utopía es un no-lugar; algo que solo puede funcionar en las páginas de su libelo, pero jamás en la realidad. Cosa poco novedosa en la historia de la literatura y el pensamiento, que ya le pasó a Platón con su República, escrita desde el rencor a sus pares tras la muerte de Sócrates.

    Sea como fuere, pensar en un mundo mejor y más justo no es nuevo, no es de ahora que nos preocupamos sobre el sistema de gobierno en animada asamblea callejera, que ya algunos se dejaban la garganta en el ágora en los tiempos de Pericles. Hoy como ayer, y previsiblemente como mañana, la lucha de clases es lo que mantiene el motor de la creatividad humana engrasado y en marcha. Las enormes fuerzas que ejercen los estamentos de poder –antaño la aristocracia, más tarde la religión, y hoy «los mercados»– que se enfrentan a las fuerzas que no ostentan el poder, pero que en número pueden doblegar al estamento superior. Ley natural, el pez grande se come al chico. Pero se necesitan ambos: el grande y el chico. Ojo, con esto no justifico que deba existir una estructura social piramidal, solo constato el hecho indiscutible de que de la lucha social surgen los movimientos que hacen progresar a la humanidad.

    En la Utopía de Tomás Moro no hay lucha de clases, por tanto, no hay progreso ni retroceso: viven en un eterno retorno, como diría Mircea Elíade. Ningún espíritu libre de la isla podrá revelarse contra injusticia alguna, dado que no hay nada de qué quejarse y porque dicho espíritu no podrá imaginar mayor libertad de la que ya goza. ¿Verdad? Pues no. En la isla de Utopía no se contempla algo consustancial al ser humano: la envidia, la mezquindad y la pereza. Digo más, en la isla de Utopía no se discute el hecho necesario de disponer de fuerza de trabajo obligada: los esclavos. Como todos y cada uno de nosotros, somos hijos de nuestro tiempo, y lo que se percibe aceptado por la mayoría en nuestro tiempo se nos antoja como la ley natural. Que haya esclavos es lo natural, ya lo dijo Aristóteles. 

    Así pues, la Utopía es una isla comunista sin ejército ni apego por los bienes materiales, con una población rural, trabajadora y medianamente culta que va rotando de casa en casa para no encariñarse demasiado de un lugar. Todo en este librito se nos puede antojar un despropósito ahora, si lo leemos desde la realidad de nuestro tiempo, pero esconde un profundo sentido reformador que lo transforma en revolucionario. En aquellos tiempos no había muchos que predicaran –aunque fuera veladamente– la libertad religiosa; ni tampoco existió una crítica tan feroz, pero a la par tan refinada, hacia sus gobernantes. En fin, son estas reflexiones a vuela pluma tras haber leído, en un par de noches, el libro de la Utopía del genial Tomás Moro.


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