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Blog personal de Xavier Carrascosa, amb articles sobre arts & humanitats, disseny, jocs, i llibres.

  • A sangre y fuego, el pistolerismo en Barcelona

    A sangre y fuego, el pistolerismo en Barcelona

    Entre 1918 y 1923 Barcelona, convertida en una especie de París en miniatura que asistía a la incesante llegada de vedettes, sicarios y contrabandistas de toda Europa, vivió una batalla sanguinaria y feroz entre los mejores pistoleros anarquistas y el «terrorismo blanco» de la patronal, el llamado Sindicato Libre, apoyado por las autoridades y la policía «oficial». 

    La banda negra. VV.AA. Editorial La Felguera (2023)

    Cada semana, entre explosiones, atentados, emboscadas y tiroteos, aumentaba el recuento de víctimas mortales, aunque la situación se convirtió en verdadera guerra callejera con la aparición de un aventurero, estafador, espía –que trabajó indistintamente para Francia o Alemania y llegó a estar implicado en la revelación de los secretos de la máquina de cifrar y descifrar mensajes Enigmay falso barón König

    Este barón König, desde una oficina en pleno centro y bajo la tapadera de una inexistente agencia de detectives, reclutó entre los bajos fondos un pequeño ejército formado por matones, confidentes y criminales profesionales. Aquel batallón del hampa se conocería como La Banda Negra y se dedicaría a cometer numerosos crímenes contra anarquistas y líderes obreros. Tras su desaparición, mientras sus miembros eran perseguidos y, en muchos casos, liquidados por grupos de acción libertarios que preparaban una insurrección armada en todo el país, su estilo fue imitado por los terroristas del llamado Sindicato Libre.

    La Banda Negra. A sangre y fuego en Barcelona es la historia de aquella peligrosa organización y su líder, el infame falso barón, y también una antología de la literatura de aquellos «años de plomo» del pistolerismo, que alcanzó unos niveles de violencia, martirologio y gangsterismo inéditos, contada por sus propios protagonistas, como comisarios de policía, fundadores de aquellos grupos terroristas o escritores derechistas, y por quienes mejor han desentrañado aquel mundo siniestro y extremo protagonizado por personajes que eran auténtico true crime y puro folletín con olor a pólvora y dinamita.

    Ficha técnica

    TítuloLa banda negra. A sangre y fuego en Barcelona
    AutorVV.AA. (selección de Servando Rocha)
    EditorialLa Felguera
    Año2023
    Páginas254
    CategoríaCrónica / Ensayo
    Nota personal10
    Comentario finalTextos de la época del pistolerismo en Barcelona, con personajes como el falso barón König. Imprescindible.
  • Jean-Michel Basquiat: de odiado a imitado

    Jean-Michel Basquiat: de odiado a imitado

    Confesaré que Basquiat no me dijo nada al principio de conocerlo en la Escuela de Arte. Era uno más de los artistas a estudiar en Teoría del diseño, uno más a sumarse a otros que me marcaron más profundamente: Warhol y sus repeticiones, Mucha y su preciosismo, Toulouse-Lautrec y su bohemia… y por encima de todos, Munch, con su Grito, obra que me inspiró profundamente incluso antes de entrar en la escuela (recuerdo que la usé como base, mediante collage, para superar la prueba específica que daba acceso al ciclo superior de Gráfica Publicitaria).

    Basquiat, como digo, no entraba dentro de mi canon artístico particular, aunque luego su influencia fue creciendo poco a poco. La razón principal es que, inicialmente, yo valoraba el arte en función de la capacidad de realismo que el artista demostraba, o bien por su expresionismo, innovación o gusto estético. Basquiat me parecía un artista mediocre que se aprovechaba de su cercanía con Warhol, el artista pop más importante del momento. Llegué a odiarlo porque me parecía un tipo sin talento pegado a Warhol como una garrapata. Claro, aún tenía mucho que aprender…

    Quizá no me explicaron a Basquiat correctamente. Me tendrían que haber dicho que Basquiat era un grafitero, un chaval que pintaba por las calles deprimidas de Nueva York, escuchando hip-hop, jazz y zydeco. Basquiat consiguió exponer su obra en museos, esto es, pasar del arte urbano al circuito del arte; pasar de la pared callejera al lienzo blanco. Ahora no nos impacta, pero hay que mirar atrás cincuenta años: siendo hijo de inmigrantes, haciendo graffitis por las esquinas, llegó a ser uno de los artistas más cotizados del planeta y a codearse con Warhol en su estudio.

    Irony of Negro Policeman. Jean-Michell Basquiat (1981)

    Es cierto que Basquiat, cuanto más lo conoces, más te sorprende. Pero no en el buen sentido, es decir, no como artista, al menos al principio. Es su vida la que lo convierte en un personaje singular en la historia del arte. Basquiat se pasó media vida viviendo a costa de sus mujeres. ¿Por cuál empezar? Quizá con Suzanne Mallouk, que lo mantuvo económicamente durante sus primeros años como artista callejero. Suzanne no solo pagaba las facturas: lo defendía en peleas, lo ayudaba a salir del calabozo y creía en su genio cuando el mundo aún no lo había descubierto. También se le atribuye un romance con Madonna, justo cuando ambos estaban en la antesala de la fama. Otra novia importante fue Paige Powell, fotógrafa y marchante de arte; con esta, al menos, parece que Basquiat acabó bastante bien.

    El atractivo de Basquiat para con las mujeres es innegable. Y Jean-Michel se dejaba querer; otra cosa es que él quisiera a alguien más que a sí mismo. Si se mira su vida desde fuera, parece que solo usó a esas mujeres a modo de ascensor social. Esa es una realidad incómoda: Basquiat utilizaba a la gente a su alrededor para crecer como artista. Pero si hay alguien a quien Basquiat utilizó a conciencia, ese alguien fue Warhol.

    Antes de encontrarse con Andy Warhol, Basquiat vivía en la calle, literalmente. Pintaba SAMO© (Same Old Shit) en muros del SoHo y dormía en parques, portales y sofás ajenos. Un poco como Limónov, pero en artista. Cuando conoció a Warhol, encontró un refugio estético, económico y emocional. Podríamos decir que se le apareció la Virgen: vio la luz. Pero… ¿qué vio Warhol en él? ¿Tal vez la quintaesencia del artista urbano, o tan solo un morenazo atractivo? Eso no lo sabemos.

    Lo que sí sabemos es que su unión fue fructífera: colaboraron en decenas de obras, pero el mundo del arte no acabó de fiarse de estos dos juntos. Es probable que no confiaran específicamente en las capacidades de Basquiat, más allá de las de engatusar a Warhol, y en sus problemas con las drogas. Lo cierto es que cuando Andy Warhol murió repentinamente en 1987, tras una operación de vesícula que no debiera haber dado problemas, Basquiat quedó a la deriva: no se pudo despedir… ni disculpar. Y tenía motivos para disculparse: se había convertido en un drogadicto, pero además habían tenido una bronca tremenda tras la crítica en el New York Times de una exposición conjunta que hicieron en la Tony Shafrazi Gallery, donde le llamaban “mascota de Warhol”. Aquello no era culpa de Warhol, pero Basquiat se enfureció con él. A partir de ahí se distanciaron. Y dos años más tarde, Andy Warhol murió.

    “Mi obra está compuesta en un 80% de ira”, dijo una vez. Con la misma ira, incapaz ya de volver a hacer las paces con Andy, un año después de su muerte, en una mala noche de agosto, se preparó el último de sus paraísos artificiales: un mix imposible de drogas que lo llevó a la muerte por sobredosis. A tomar por culo Basquiat. Y a los 27 años, como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain o Amy Winehouse. Uno más para el club de los malditos.

    Notary, de Basquiat (1983)
    Notary. Jean-Michel Basquiat (1983)

    Todo esto lo he ido aprendiendo después de admirar su obra y de imitarla al final de mi estancia en la escuela de arte, cuando tenía 23 años. Me fascinaba esa mezcla de arte callejero, africanismo, brutalismo, ausencia de perspectiva, de forma, de todo. Ausencia de reglas, en definitiva: un grito de libertad. ¡Que el arte sea libre y brutal! Fuera convencionalismos, abracemos nuestra esencia, aprovechémonos de lo poco que tenemos y gritemos bien fuerte. ¡Acabemos con el poder! ¡Abajo la ley!

    Todo esto es lo que me evocaba el arte de Basquiat, más allá de producirme o no placer estético —a Basquiat se la sudaba muchísimo el puto placer estético de los demás—: el arte como un fin para conseguir fama y dinero. Quienes le reprochan eso a Basquiat están precisamente confirmando la jodida genialidad del artista. ¿Quién podría compararse a él hoy? ¿Tal vez Maurizio Cattelan y su broma del plátano? ¿De quién pudo haber aprendido? ¿De Marcel Duchamp y su broma del urinario? De Willem de Kooning, casi seguro. Ahí está el arte de esta gente: “sabéis que soy artista y por eso vais a comprar mi obra y especular con ella. No sois mejores que yo, que hago mi arte para reírme de vosotros y esquilmaros”. Entre esas obras hay arte auténtico y arte para pagarse el último chute.

    Basquiat comprendió muy pronto cómo funcionaba el mundo del arte, qué teclas tocar para ir subiendo en dicho mundo, cómo aprovecharse —cual miss— de su cara y su cuerpo para atraer a las personas adecuadas y qué tipo de imagen le convenía más. Y además, el cabrón había empezado desde la indigencia. Y además, el cabrón hacía buen arte. Un arte de su tiempo, equiparable al de los demás titanes del momento: Keith Haring, Julian Schnabel y el ya mencionado Andy Warhol. Basquiat era un titán. Un ídolo. ¿Cómo no iba a querer imitarlo? Ah, lástima… de la escuela de arte no pasé más allá de medio porro, casi nada. Así… ¿cómo puede alguien llegar a artista?

  • Diari d’un docent novell (II): Un any a la trinxera

    Diari d’un docent novell (II): Un any a la trinxera

    La realitat a la trinxera. Podríem, simplement, fer classe? Radiografia de l’educació pública.

    A la primera part d’aquesta crònica us explicava el meu periple com a professor substitut. Amb les oposicions aprovades, però, començava el veritable repte: enfrontar-me a una plaça fixa en un institut de màxima complexitat. La realitat, com veureu, va superar totes les expectatives.

    [Artículo en castellano en mi página de Medium]

    Doncs bé, amb les opos aprovades, només quedava esperar a veure on em donaven plaça per començar les pràctiques com a futur funcionari. Al juliol em van donar una plaça provisional d’Aula d’Acollida, a la qual vaig recórrer perquè no en tinc ni idea, d’Aula d’Acollida (que consisteix a ensenyar català a nois migrants que acaben d’arribar a Catalunya). El meu recurs va tenir efecte i a l’agost em va sortir un nou destí al Vallés, a l’institut B., de màxima complexitat. Bé, quedava una mica lluny, però si més no era de la meva especialitat, recordo que vaig pensar.

    No semblava tanta, la complexitat, quan hi vaig anar a fer un cop d’ull abans que comencessin les classes: el barri semblava bo i les instal·lacions modernes… Però quan van començar les classes hi va haver problemes des del primer dia, alumnes que deien clarament que venien a l’institut «a tocar els collons». Jo tenia diàriament quatre d’aquests elements (set, si comptem els absentistes, però a alguns d’aquests només els vaig veure tres o quatre cops en tot l’any i no els compto).

    L’institut B. ha estat el primer lloc on he sentit que no podria gestionar el que tenia al davant. No em sentia capaç de fer classe i alhora vigilar que en C. no fes mal a ningú. Per sort, el suport entre professors va ser molt bo i els meus problemes de gestió de l’aula es van anar reduint. Dissortadament, em vaig sorprendre a mi mateix cridant, perdent els papers… Això em va passar a quart d’ESO a Cultura i Valors Ètics (la típica assignatura, Ètica, que sempre és al currículum i que ningú es pren seriosament). Vaig decidir que no tornaria a cridar, que si em veia en la necessitat de fer-ho, és que la classe no valia la pena, i que el millor era callar, indicar a la pissarra o al Classroom el que calia fer per a aquells alumnes que volen fer les coses (sempre n’hi ha tres o quatre que volen treballar) i deixar que la resta gaudís.

    De vegades és difícil abstreure-s’hi, perquè es poden donar situacions d’assetjament escolar o bullying en major o menor grau. Llavors només queda expulsar l’alumne, avisar els tutors i la família i ser inflexible. Hi ha cabrons amb 14 anys igual que amb 50; que no ens tremoli el pols amb els abusadors. Ja n’hi ha prou, de poderosos al món. Aquests alumnes endevinats solen tenir pares igualment problemàtics, cecs davant la maldat del seu plançó. No penso dedicar el meu temps a aquesta mena d’alumnat. El meu temps és per a aquells que s’esforcen, siguin brillants o uns capsigranys, els que almenys ho intenten, els que volen millorar. Amb els abusadors, tolerància zero. Ho sento.

    Aleshores, responent a la pregunta inicial: com és l’educació secundària avui a Espanya? La meva resposta seria que està denigrada socialment, infrafinançada institucionalment i cansada de si mateixa a causa de l’excessiva burocràcia. Diria que, malgrat la burocràcia, s’aconsegueix fer classe. Es dona la paradoxa de no poder preparar una classe perquè has de presentar un informe d’evidències de competències o omplir excels interminables que no es mirarà ni déu. Podríem deixar d’omplir tants excels, tants documents per justificar davant la inspecció educativa els recursos que ens dona? (Nota: el temps és un recurs). Podríem, simplement, fer classe?

    De vegades passa que l’únic que pretén l’administració és que els centres siguin guarderies d’adolescents (i d’adults, si comptem els PFI i els cicles superiors). La idea és que si són al centre educatiu, hi ha menys delinqüència de baix nivell en horari escolar. És difícil parlar d’excel·lència educativa i altres històries quan el nivell és tan baix que el que es requereix, bàsicament, és que els xavals estiguin tancats perquè no l’emboliquin. Si aquest és l’objectiu, que ens posin almenys un guàrdia jurat a la porta, perquè la meva formació és humanística; no em van ensenyar a fer un mataleón, ni a evitar-lo.

    Tampoc vull donar la impressió que hi ha violència a dojo, però alhora no vull donar una imatge idíl·lica on no passa mai res. Passen coses. La violència més gran és la verbal. Amb nosaltres, els professors (tots som racistes, segons els alumnes), i entre ells. Aquesta contínua falta de respecte entenc que l’aprenen dels mitjans, de les xarxes socials i de les seves famílies. Hi ha realitats molt fotudes.

    Pel que fa a les matèries, els coneixements i els sabers impartits, tenim el problema que hi ha molt de dèficit d’atenció (pràcticament, aquesta atenció és l’estàndard); és a dir, no pots explicar una cosa més o menys complexa i esperar-ne comprensió: el normal és no entendre res i tampoc preguntar-se de què es parla. El millor és mirar la pantalla del Chromebook gratuït que cada alumne té al centre i fer els treballs amb ChatGPT. La IA està sent una bomba atòmica devastadora en el món educatiu. Tant és així que és millor rendir-se a l’evidència i demanar un altre tipus de treballs que no requereixin escriure a l’ordinador. O bé, fer-la servir educativament, fer que sumi. A veure si ho aconsegueixo el curs vinent.

    La deriva d’això últim, de l’ús acrític de la IA, és que no entenen el que llegeixen, ni tampoc tenen desenvolupat el pensament abstracte, encara que, per contra, sí que hi ha una gran cultura visual i estètica. Aquest any he après a fer classes on cap alumne m’escoltava o mirava la pissarra. És a dir, he après a relaxar-me quan tot falla, a simular que no importa. És trist, però és així. És això o posar-me a xisclar. Sobretot m’ha passat a Cultura i Valors Ètics. Intentava explicar la guerra de Gaza, la caiguda de Bashar al-Àssad i altres temes amb component ètic a classes on la meitat de l’alumnat és d’origen musulmà i no va funcionar: vaig rebre treballs fets amb ChatGPT, amb el seu biaix proisraelià i poc o gens actualitzat. Hi va haver excepcions, però en general va ser decebedor.

    També hi ha hagut coses bones, com els alumnes que et diuen que expliques molt bé, que et donen les gràcies quan els dones més oportunitats (sempre cal donar oportunitats; amb això he reenganxat algun alumne que semblava perdut a mig curs). Hi ha hagut bones classes a Història de l’Art, en especial una alumna musulmana que em va presentar artistes que desconeixia i va vincular art, cultura i identitat. Sempre hi ha alumnes pels quals val la pena continuar.

    En fi, com que veig que això m’està quedant molt llarg, continuaré escrivint sobre les meves impressions en l’educació secundària a la pública. Hi ha molt a dir, encara que no sempre es pugui dir tot, perquè els alumnes i les seves famílies mereixen l’anonimat. Ara m’han donat un nou destí: un nou institut en un poble a prop de Barcelona, que no és de màxima complexitat, sinó estàndard. Com serà?


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