La semana del arte

Estuvimos en Madrid durante la llamada semana del arte para visitar las ferias que allí se hacen al respecto del arte contemporáneo, en especial ARCO, y también porque aprovechando esto en el Thyssen hicieron una exposición de Lucian Freud, y la verdad es que nos hacía mucha ilusión ver su obra de cerca. Nos habían advertido al respecto de ARCO: no os va a gustar, nos decían. Lo cierto es que dejamos la visita a ARCO para el final, como colofón, y primeramente nos fuimos a visitar la feria de Art Madrid.

Sin saber exactamente qué habíamos de encontrar en Art Madrid, nos vimos envueltos por multitud de galeristas que exponían con extremado buen gusto su mercancía. Había el tradicional pijerío que uno esperaría de una feria de arte contemporáneo, pero sin apabullar, no nos sentimos como un pulpo en un garaje, e incluso pudimos hablar con artistas y galeristas. La feria nos encantó, y los precios, los que estaban a la vista, no nos parecieron tan caros como la calidad del evento nos hacía suponer. Vamos, que si manejáramos un poco la Visa ORO algo nos habríamos llevado. Grata sorpresa de un lugar que nos esperábamos como un criadero de Ayusos con ínfulas artísticas y nos recibió como un pequeño oasis de galerías selectas con artistas realmente buenos

Jaime Sancorlo. Of course you realize this means war!, 2023. Óleo sobre lienzo
73 x 100 x 2 cm
Jordi Díaz Alamà. Valor y al Toro, 2023. Óleo sobre lienzo encolado a tabla
134 x 89 x 5 cm
Nadia Benyahya. Batwoman en summer evening, 2019. Óleo sobre lienzo
65 x 50 x 2 cm
Mr. Brainwash. Chaplin, 2021. Serigrafía y técnica Mixta sobre papel
56 x 56 cm

Visitamos también la modesta feria ARTIST 360, que de contemporáneo no tenía mucho, pero sí que era una feria realmente indie donde más que galeristas había artistas que se pagaban su estand y trataban de vender su obra. Es decir, era una exposición que se hacía al calor de la semana del arte para los artistas más modestos que querían participar de la fiesta. Había mucha pintura más o menos vistosa, artistas que bien podrían estar en Just Mad o Art Madrid, pero lamentablemente no parecía haber un curator que hiciera criba alguna de lo presentado, por lo que te podías encontrar stands realmente buenos con otros de un amable señor o señora que estaba encantado de presentar sus marinas, sus cuadritos abstractos para decorar o sus láminas de reproducciones a diez euros.

Al día siguiente, después de deleitarnos con Lucian Freud, nos fuimos a visitar la feria alternativa Just Mad, también de arte contemporáneo pero más indie, al menos así se vendía, pero en esencia era bastante similar a la de Art Madrid aunque con un pijerío más progre. De hecho, vimos allí a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, con su cohorte de enteradillos y seguratas.

Esta fue la feria que más me gustó, claramente. Me sorprendió la vigencia de la pintura, en un espacio que yo esperaba más lleno de performance  e instalaciones. La realidad es que había allí obras figurativas, escultura, fotografía y pintura, rabiosamente contemporáneas, pero que no copan los titulares de las noticias porque son esencialmente bellas, ingeniosas, y no una boutade para darle la razón al merluzo que piensa que el arte actual es una basura.

Arol. Looking with big eyes, 2023.
Jesús Aguado: “La joven Ehime Daruma”. Acrílico en panel de madera acunado, 2023

Pues bien, al día siguiente visitamos ARCO, en el IFEMA, y me sentí como el merluzo que efectivamente constata que su idea del arte actual es correcta: una tremenda basura pretenciosa que solo se compra y se vende para especular. En medio de una soledad de pabellones de obra vista, separados por pladur y cartón pluma, podías ver auténticas medianías dándose codazos con Miró o Chillida. La feria no tenía ningún sentido en cuanto al orden o la intención, más allá de apabullar con la cantidad de morralla y su abultado precio. Vimos allí a Feijóo, en el pabellón del diario El Mundo (numerosos diarios y marcas privadas tenían stand allí, vaya usted a saber por qué) admirando unas fotografías de un autor que tanto él como yo hemos olvidado. 

El público de ARCO lo componíamos esa clase media aspiracional olvidada por la izquierda del país, que esperábamos desasnarnos con la contemplación del último grito en arte, pero que contemplábamos los divertimentos de los niños bien de una clase alta que se puede permitir tener una galería en ARCO. Obras que parecen copias de originales de principios de la vanguardia, aprendices de Basquiat, adoradores de Banksy, imitadores de Duchamp, wannabes de Warhol. Me esperaba poco y me encontré con menos. Toneladas de arte absolutamente prescindible. Con razón hay otras ferias como Art Madrid o Just Mad… ¿a qué artista o galería en su sano juicio le gustaría verse rodeado de semejante chusta? 

Posiblemente la obra de ARCO que más me gustó y la que define mejor mi estado de ánimo en el momento de echar la foto.

Entonces… ¿por qué ARCO? Porque fue la primera y porque si tienes los bolsillos llenos es el lugar idóneo para ver y ser visto, comprarte una obra para especular y poder presumir ante tus amigos del IBEX de que tienes tal o cual obra de un autor emergente cuyas obras sólo hacen que subir y subir en el fluctuante mercado del arte. ARCO es una feria para coleccionistas, no para gente a la que le gusta el arte. ¿Acaso todo es malo? Evidentemente no, estoy haciendo una crítica de trazo grueso, sí. Algunas cosas eran muy interesantes, otras pocas además daban qué pensar. Casi ninguna estéticamente bella, pero eso ya no importa, ¿verdad? 

En definitiva, lo más codiciado era lo viejo: los Tapies, Chillida, Miró y similares, que de contemporáneo tienen tal vez entre ellos el siglo XX, pero no lo que se hace ahora, que por lo general poco o nada tiene que ver con lo suyo. Esos eran la presa gorda, lo que los millonetis codiciaban. ¡Qué pena, ARCO! ¿Volveré? No lo creo. A la semana del arte, sí, sin duda, porque raras veces puede uno contemplar tanta producción artística contemporánea en tan pocos días en un mismo lugar. 

Las televisiones y los periódicos seguirán denostando el arte contemporáneo con alguna obra intrascendente pero mordaz que se exhiba en ARCO, mientras que lo contemporáneo y bueno de verdad se silenciará para que solo unos pocos entendidos lo admiren. De esta manera, ningún paisano podrá nombrar ni a un solo artista actual, ni qué obras son dignas de admirar en qué lugar. Manteniendo al obrero al margen del arte se le niega todo aquello que nos hace verdaderamente humanos. A ello se aplican con entusiasmo los medios del país, para su vergüenza.

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