El instituto Benjamenta

Para aquellos que aún no hayan leído la genial novela Jakob von Gunten de Robert Walser les animo a leerla antes de seguir con éste artículo, aunque puedo hacer un resumen de la misma: en el instituto Benjamenta no se aprende nada, solo se forma a los alumnos para servir y cumplir con la sociedad; Jakob von Gunten es un alumno que entra en la institución tras fugarse de la casa de sus padres y consigue ser admitido tras una breve entrevista con Herr Benjamenta, el director del instituto. La única profesora que parece estar en activo es la propia hermana del director, Fräulein Lisa Benjamenta, que les enseña básicamente a comportarse en sociedad y poco más, ya que no hay contenidos ni planes de estudios en las clases del instituto Benjamenta.

La escuela de muchachos Benjamenta puede ser muchas cosas, pero sobretodo es un reflejo del mundo. ¿Qué quiso representar Robert Walser con esta novela? Tal vez uno de los motivos sea la reivindicación de la vida sencilla, infantil, alejada de todo anhelo o ambición que pudiera llevar a un fracaso, un desengaño, una derrota. Pero tal vez no era una reivindicación, sino más bien una constatación, una rendición y evidencia de que más nos vale seguir la corriente y acostumbrarse al hastío y la servitud. Tal vez el personaje que más fielmente representa estos principios, obediencia y servicio, es Kraus, a quien gusta de martirizar el protagonista, Jakob von Gunten (aunque en el fondo le adore). ¿He dicho protagonista? Bueno, eso es matizable, para mí el protagonista es el insituto en sí, aunque lo veamos a través de la mirada de Jakob.

Una de las frases que se me quedaron grabadas, aunque hay muchos y de difícil interpretación, es la que dice que “Dios está con los que no piensan”. Hay que analizar el contenido y el mensaje final de esta sentencia, en los años en que fue escrita, los principios del siglo XX, en 1909. Robert Walser ya pudo ver, como otros escritores y pensadores antes que él, el verdadero bálsamo para el pueblo, el opio que a todos calma, principio civilizador y tope cultural al mismo tiempo; esos textos sagrados revelados que nos dictan como tenemos que manejar el espíritu. Quien gobierna nuestra consciencia y moral nos gobierna de forma absoluta. Walser lo sabe, pero no se rebela, simplemente lo escribe y construye todo un instituto donde se perfecciona ese arte de dominar lo más profundo de nuestro ser: nuestro espíritu.