007: La piel que habito

La última película de Almodóvar trata de un médico que investiga un nuevo tipo de piel más resistente, capaz de resistir al fuego, después de perder éste a su mujer tras un accidente de tráfico donde quedó carbonizada. Esa es la parte que se puede contar si aún no habéis visto la película. Lo que viene a continuación no se debe leer bajo ningún concepto si aún no has visto la película y quieres disfrutar plenamente del placer de ver éste nuevo despropósito del director manchego.

La piel que habito está lejos de parecerse a lo que su director tenía en mente cuando la ideó. Tras las sinopsis inicial del médico investigador, se esconde un terrible secreto, tan terrible, que es absurdo. La cosa es que el médico tiene en su casa a una paciente algo neurótica con tendencias suicidas, por lo que la tiene recluida en una habitación, mientras va investigando lo de la piel super resistente y hace pruebas con ella. Viven en la casa el médico, la paciente, la ama de llaves y el resto del servicio, al cual despiden por puro placer de Antonio Banderas (porque el actor que hace de médico es Antonio Banderas, y tú lo que ves es a Antonio Banderas haciendo de médico, no a un verdadero actor).

Bien, la cosa continúa de forma rocambolesca al aparecer en escena un señor disfrazado de tigre, que en realidad es el hijo de la señora que hace de ama de llaves, y que resulta ser también la madre del médico, pero sin que los dos lo sepan. La trama se complica cuando el tigretón, todo engorilado, ve por las pantallas de la cocina a la paciente haciendo ejercicios de yoga (en efecto, en la cocina hay pantallas de vigilancia, y sí, la paciente está muy buena porque es Elena Anaya). El caso es que el tigre va a la habitación donde la tipa hace sus ejercicios de yoga y se la tira. Tras la culminación del pecaminoso acto, aparece Banderas pistola en mano dispuesto a matar a ambos, pero solo mata al tigre porque entiende que su paciente ha sido víctima, y se reconcilia con él.

Tras deshacerse del cuerpo, Banderas vuelve a El Cigarral (se me había olvidado, la acción transcurre en Toledo en 2012, en la finca del Cigarral), y se va a dormir acto seguido con la paciente, ya recuperada y lista para una noche de sexo. Mientras tanto, Marilia (la ama de llaves interpretada por Marisa Paredes, que me lleva el mismo look que la Kidman en Los otros, y que actúa aún peor que Banderas, que ya es decir, aunque bueno, aquí ningún actor se ha tomado muy en serio el guión), pues Marilia digo, está como inquieta porque la paciente anda suelta con el médico, cosa que es muy peligrosa porque la tía está un poco loca. Ah sí, también han matado a su hijo, pero eso no le importa tanto porque “se veía venir”. Además, en un ataque de sinceridad que no viene a cuento, le explica a Vera (la paciente) que el tigre fue el culpable de que se muriera la mujer de Banderas, porque años atrás, cuando ambos se conocieron se gustaron y huyeron juntos en coche, con tan mala fortuna que tuvieron un accidente donde el tigre se salvó y la mujer de Banderas quedó carbonizada (que no muerta) y estuvo al cuidado del médico hasta que ésta un día se levantó de la cama y se vio al espejo, y se dio tanto asquito que se tiró al vacío, muriendo a los pies de su hija que en ése momento estaba jugando en el patio de su casa. ¡Qué horror y que mala suerte, chato!

Y ahora llega el punto culminante de la peli, el punto donde dices “Almodóvar, ¿que cojones me estás contando?”, el punto sin retorno que convierte este bello despropósito en un despropósito a secas. El punto. La cosa va de que tras intentar follar sin éxito (puesto que a Vera le duele), se quedan dormidos Banderas y su paciente. Entonces recuerdan lo que les llevó a esa situación, que si hubiera estado bien explicado, al espectador le parecería una obra maestra al mostrarnos Almodóvar que la naturaleza de las personas dista mucho de ser lo que en principio aparenta; juega con el ser y la apariencia, recurso largamente utilizado tanto en el cine como en la literatura, pero el manchego lo hace de la peor forma posible. Si no has visto la película, no leas el siguiente párrafo, que es la sorpresa que tiene la película y el leit motiv de la misma (ya que hasta ahora parecía otra cosa, que Banderas quería convertir a la paciente en una doble de su mujer, y asegurarse de que no moriría carbonizada gracias a la piel super resistente de su invención).

El concepto. La cosa va de que Banderas tenía una hija; a la hija la intentaron violar en una fiesta, a la que ambos acuden. Como resultado, la hija enloquece, tiene miedo de los hombres en general y de su padre en particular y se tira por la ventana, tal como hiciera su difunta madre, con lo que la hija se muere y Banderas decide vengarse. Pero no se pone la máscara del zorro, cosa que hubiera sido un guiño genial; descubre quién intentó violar a su hija, lo secuestra y lo somete a… tachán tachán… ¡una operación de vaginoplastia! Vamos, que lo convierte en una mujer de rompe y rasga (Elena Anaya), a la que tiene encerrada en una habitación, engañando a todo el mundo con el rollo de que es una paciente. Se descubre así que Vera en realidad es Vicente, y que por esa razón quiere escaparse, aunque cuando puede hacerlo no lo hace y prefiere quedarse a dormir con el médico. Al menos por una noche, ya que a la noche siguiente Vera se carga a Marilia y a Banderas, escapa del Cigarral y se vuelve al pueblo, a la tienda de su madre, donde dice que en realidad es Vicente y le creen. Fin.

En conclusión, La piel que habito es, para un servidor, un despropósito mal contado, a todas luces increíble (en su sentido más literal; que no se puede creer), estéticamente impecable, musicalmente sublime (la banda sonora es muy buena, algo a lo que Almodóvar nos tiene acostumbrados, como si quisiera educarnos musicalmente, me gustó mucho Concha Buika); pero está torpemente dirigido. Parece que hubiera sido el trabajo de un director novel que quisiera parecerse a Almodóvar, en lugar de una película del propio Almodóvar. Y considero que una película puede tener una trama tan retorcida como la que plantea este film (de hecho, la trama está basada en una novela: La tarántula, de Jonquet Thierry), pero se puede contar de otra forma.

Si Almodóvar quería que nos tomáramos la película en serio, por favor, que no hubiera puesto a un señor disfrazado de tigre, que no hubiera colocado un pelucón rubio a la ama de llaves, que no hubiera convertido a Elena Anaya en una calcomanía de Penélope, que no hubiera utilizado a una sombra de actor como Banderas… y que se hubiera tomado en serio a sí mismo, porque esto lo que es en realidad es una caricatura. Lo siento mucho Almodóvar, pero así no se hace.

005: Nebulus

Nebulus fue un popular videojuego de la década de los 80, cuando los ordenadores de 8 bits estaban en su  apogeo. La versión que yo jugué era la distribuida por Erbe y publicada por la compañía Hewson -que para mí siempre fue un sinónimo de calidad- en mi Spectrum +2A, aunque por lo visto el juego salió para otras muchas plafatormas, siendo la más popular la de Commodore 64.

El juego trata de una especie de rana que llega en submarino a la base de una torre, por la que sube mediante puertas, túneles y plataformas, mientras va esquivando enemigos tan dispares como pelotas, ojos o átomos. Una muestra más de la imaginación de los programadores de la época, y de lo bien que les sentaba el LSD a los jóvenes informáticos de aquella fructífera generación. El juego es muy complicado, puesto que llevar al bicho hasta el final de la torre, con vidas y tiempo limitados, es una tarea que requiere paciencia y observación, debido a que la torre va girando a medida que nos movemos, por lo que algunos peligros están ocultos hasta que nos encontramos con ellos al rodear la torre; no es como otros juegos de plataformas, como Mario, donde ya vas viendo lo que te viene, aquí tienes que ir con cuidado de que la rotación de la torre no te juegue una mala pasada.

Si vas a jugar a la versión de Spectrum, te interesará saber que las teclas de movimiento son: Q, arriba/entrar; A, abajo; I, izquierda; O, derecha; N, disparo (y N+I  para saltar a la izquierda o N+O para saltar a la derecha). El juego ha envejecido bien, en mi opinión, y es relativamente sencillo jugar con él. Pero también existen varios remakes del juego, bastante buenos, que os recomiendo probar. También opino que Nebulus sería un excelente título para una consola de las características de la portátil de la Nintendo, la nueva 3DS, ya que con el efectillo que tiene de 3D la rotación de la torre quedaría muy efectista. Mientras tanto, yo sigo echándome partidas de Nebulus en mi móvil, gracias al emulador de Spectrum para Android del cual hablé en el fragmento 001 del blog. Nebulus… ¡qué buen juego es!

004: The Sentinel

The Sentinel es un videojuego creado en 1986 por Geoff Crammond para el ordenador BBC, que posteriormente fue publicado para otros microordenadores de la época. La versión de Spectrum fue creada por Mike Follin, que sin duda es un dios de la informática, porque para meter un juego de éstas características (un mundo de 10000 niveles en 3D) en los 48K del Spectrum tienes que ser muy bueno en tu trabajo.

El juego consiste en conseguir llegar a la altura del Sentinel para absorber su energía y ocupar su lugar, en el punto más alto de un mapa tridimensional. Nosotros empezamos en un punto bajo del mapa, y para ir subiendo tenemos que crear réplicas de nosotros mismos -un robot de energía-, gracias a la energía que podemos absorber de los árboles cercanos que estén a nuestra altura o en niveles inferiores del mapa. Para conseguir altura podemos crear rocas artificiales (boulders) encima de las cuales podemos poner al robot, y transferir nuestra energía a ese nuevo robot; así ahora pasaremos a estar en un punto más alto, y además podemos absorber la energía de nuestro antiguo yo. ¡Pero cuidado! El Sentinel estará muy atento a lo que ocurra en su mundo, y cuanto más expuestos estemos a su mirada más fácil lo tendrá para absorbernos la energía; por ello tenemos que ser rápidos cuando estemos arriba y absorber toda la energía de árboles y rocas disponibles, o crear un árbol delante nuestro para despistarlo, porque el Sentinel puede matarnos cuando nos vea y enviarnos al hiperespacio sin billete de retorno.

Si conseguimos llegar a la altura del Sentinel y absorbemos su energía, deberemos ocupar su lugar creando un robot y acceder así, desde el punto más alto del mapa, al hiperespacio. Accederemos a un nuevo mundo ocupado por otro Sentinel; pero pueden existir mundos con más de un Sentinel, y también con varios sentries, que son como centinelas menores con la misma mala leche.Lo mejor que podéis hacer, si no habéis entendido mucho de lo anterior, es jugarlo.

Existen varios remakes de The Sentinel para jugar en un ordenador moderno, siendo el mejor de ellos el Zenith, pero un servidor es un purista y juega con el emulador de Spectrum al Sentinel original. Tengo que decir que la primera impresión al cargar el juego es invariablemente la siguiente: “¿pero qué se supone que tengo que hacer con esto?”. Bien, es normal, que no cuando el pánico. Primero tenemos que aprendernos los controles del juego, y luego podemos empezar a “movernos”:

CONTROLES SPECTRUM:  

Izquierda:    S     Derecha: D
Arriba:       K     Abajo:   M
Acción:             Espacio  (para poder crear/absorber)
Crear árbol:        T
Crear roca :        B
Crear robot:        R
Absorber energía:   A (apuntar a base cuadrado)
Transferir energía: Q
Hiperespacio:       H
Posición original:  U
Pausa:              P
Continuar:          Enter
Cambiar colores:    C

Cuando carguemos el juego, nos preguntará a qué mapa queremos jugar; si lo dejamos tal cual nos llevará al primer mundo y empezará el juego. Para familiarizarte con el entorno pulsa las teclas de movimiento (S,D,K y M) y localiza así al Sentinel. Luego intenta absorber la energía de algún árbol, enfocando su base y pulsando la tecla de epacio (con lo que entramos en modo de acción) y pulsando A (el árbol desaparecerá y conseguiremos una energía; si no te sale, prueba a poner el puntero en la base del cuadrado donde esté el árbol, no apuntes al árbol). Luego pulsa espacio otra vez y localiza un cuadrado vacío, donde creas que vas a conseguir una buena panorámica; pulsa espacio y crea una roca (B) y luego un robot en el mismo espacio (R): el robot se colocará encima de la roca, y acto seguido pulsa Q… ¡pantalla azul! ¿qué ha pasado? pues que ha funcionado, la energía se está transfiriendo al nuevo robot, y en un momento apareceremos en la nueva posición, encarados a nuestro antiguo yo (que tendremos que absorber rápidamente para no perder su energía). Puede ser que el Sentinel nos vea, por lo que tendremos que crear un robot en un lugar alejado y transferir la energía a éste, y así salir del campo de visión del Sentinel; pero si no tenemos ningún sitio válido al cual ir podemos echarlo a suertes y entrar al hiperespacio (H), acción que nos llevará a un punto nuevo del mapa al azar, a costa de perder energía (de hecho, nos puede matar si andamos escasos, y por eso es mejor tratar de crear un robot y dejar el hiperespacio para cuando matemos al Sentinel).

A medida que avancemos niveles, el juego se complica (aún más), porque aparecerán los centinelas menores (sentries), que son capaces de teletransportarnos a casillas donde el Sentinel nos vea y pueda rematarnos a placer. Esquivar al Sentinel y sus sentries es algo tan complicado, que un servidor todavía está encasquillado en el mundo 0021 del juego, y solo hay dos sentries… ¡ni me imagino como será con ocho!

Aquí os dejo los códigos secretos para acceder a otros tres mundos, para que veáis como son y comprobéis que no se generan al azar (esto es, hay 10000 mundos tridimensionales diferentes que no se repiten, ¿cómo lo hiciste Mike Folllin?):

Mundo        Código (Spectrum)
0002         51939364
0010         42346548
0021         53766718

En conclusión, os animo a volver a jugar -o a descubrir, si no lo jugasteis en su día- a The Sentinel, un auténtico juegazo, un hito de la programación y un experimento de genio e inspiración súbita, que ni su autor sabe explicar muy bien. Existe también una secuela del juego que salió en 1998 para PC y Playstation, llamada “Sentinel returns”, que no he jugado pero que al parecer tiene buenas críticas, y también existen dos remakes para iPhone e iPad llamados KotH y Capita. Recordad… ¡el Sentinel os vigila!

003: The Beast (serie TV)

The Beast es una serie para la televisión donde dos agentes del FBI resuelven casos difíciles de resolver. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. La gracia radica en que el agente veterano está siendo investigado por su compañero para averiguar si es un agente corrupto. El otro aliciente de la serie es ver la última actuación de Patrick Swayze, el mítico actor de Ghost y Dirty Dancing. Swayze padecía un cáncer de páncreas mientras rodaba la serie, por lo que se temía que tuviera que abandonar a mitad de temporada. Sin embargo, no fue así como ocurrió; Swayze se medicó durante el rodaje para paliar el dolor, terminó la primera temporada de la serie en abril de 2009 y murió en septiembre de ese mismo año.

La crítica no es unánime, pero yo considero que es el mejor trabajo interpretativo de Patrick Swayze. Nunca fue un buen actor, pero creo que en ésta serie echó el resto y trató de convencer -y convencerse- de que él era un buen actor, y que antes de morir tenía que demostrarlo. Tenía que ser duro para sus compañeros de rodaje estar al lado de semejante icono, saber que estás trabajando con una leyenda en sus últimos meses de vida. Su compañero de reparto, Travis Fimmel, es un actor de segunda fila que cumple con su papel, tampoco es tan malo como lo pintan, pero no será recordado por su trabajo en ésta serie; toda la atención se centra en Swayze.

En conclusión, la serie se deja ver, aunque no es desde luego una obra maestra. Tal vez lo que menos me gusta es la manera en que está planteada la forma en que le van diciendo al agente aprendiz que su jefe puede ser un agente corrupto. Creo que ahí se nota demasiado que la serie tenía que haber sido más larga, porque lo van soltando muy poco a poco, y de una forma un tanto inverosímil. Pero eso no empaña el resultado final: es una serie correcta y llena de acción, que será recordada como el último trabajo de Patrick Swayze.

002: Santa Paravia en Fiumaccio

Santa Paravia en Fiumaccio es un juego creado para una desaparecida revista de informática llamada SoftSide allá por el 1979 y que posteriormente fue comercializado en cinta para Apple II. En el juego representamos el papel de un barón que debe administrar su territorio, gestionándolo de forma óptima para conseguir acabar la partida siendo el rey. Santa Paravia bebe directamente de las fuentes del Hamurabi, el primer juego de estrategia para ordenador de la historia; pero a diferencia de éste amplía y supera a su predecesor, al ofrecer muchas más opciones y la posibilidad de ver tu reino de forma gráfica, aunque de manera muy abstracta.

Siempre me han gustado los juegos de estrategia, en especial los de gestión de recursos. Creo que los juegos que más horas me han robado han sido los Civilization, Patrician III, Port Royale II, Dune II, Colonization, Imperium Civitas y Faraón. Todos ellos tienen en el Hamurabi y el Santa Paravia en Fiumaccio los ancestros de su categoría, los llamados “God games”, donde somos una especie de dios omnipresente que regula la vida de sus criaturas, desde nuestra perspectiva isométrica, llevándolos a la ruina la mayor parte de las veces.

001: Marvin, un Spectrum para Android

Una de las mejores aplicaciones que tengo en mi móvil es Marvin, un emulador de Spectrum que tiene la feliz característica de buscar los programas directamente en la web de World of Spectrum. Por ejemplo, si queremos jugar una partida al Exolon y no lo tenemos todavía instalado en Marvin, pulsamos la tecla de opción, elegimos “Load app/game” y tecleamos “Exolon” en el buscador del World of Spectrum que nos saldrá y automáticamente nos llevará a la página del juego, desde donde lo podremos descargar y jugar, sin tener que poner LOAD “” ni nada de éso, que solo recordamos los más viejunos. Luego el juego se queda grabado en la base de datos y podremos acceder a él con un simple click, desde el mismo Marvin. Una maravilla, oiga.

De momento estoy disfrutando de algunos juegos  que hacía muchos años que no volvía a ver; esta es la lista de los juegos que me he descargado: Camelot Warriors, Chaos, Exolon, Flunky, Katmosis, Mad Mix Game, Metropolis, Nebulus, Nonamed, North Star, Pyjamarama, The Sentinel, Thundercats, Tuareg, Xevious y Zinaps. ¿Alguna sugerencia? Sí, sí, ya sé que no me he descargado ninguna conversacional, pero honestamente, si sumamos la sordera habitual de las antiguas aventuras a la dificultad de teclear con el móvil no creo que resultara una experiencia muy divertida. Tal vez pruebe con Mantis, que no la jugué en su día, ¿alguien la ha probado?

Pero no todo es disfrute y diversión sin más. Puede ocurrir que cargues un juego y no funcione, como me ha pasado con el Gryzor o el Curro Jiménez. En ese caso los he borrado y adiós muy buenas. Recuerdo que cuando esto pasaba en su época, tras comprar un juego por 875 pesetas, no era tan fácil decirle adiós, porque posiblemente era el único juego nuevo que tenías en varias semanas. No había internet para descargarse otro juego, ni tanto dinero para comprar más… pero había radiocassettes de doble platina, que fueron los arcaicos precursores de la piratería de software actual, con los que podías conseguir muchos juegos. Incluso había un mercadeo de cassettes TDK de 45, 60 o incluso 90 minutos con un montón de juegos grabados, que podías comprar o intercambiar con tus colegas. Ahora todo eso se ha reducido a descargarte un juego y probar si funciona en el emulador, y si no te gusta lo borras.

Además tenemos menos paciencia, y si nos matan muchas veces en el juego no hacemos como antes, esto es, pasarnos todas las tardes repitiendo las mismas pantallas hasta conseguir pasarnos el juego o por lo menos llegar lo más lejos posible. Ahora ya no tenemos esa paciencia, y honestamente no sé como podía llegar tan lejos en el Thundercats, si ahora no puedo avanzar tres pasos y ya me han fulminado. Y no hablemos de las conversacionales, que te tenían toda una tarde enganchado para conseguir salir de una celda, como en el Jabato, y tú ahí probando todo tipo de cosas, y venga a examinarlo todo y no consigo nada y ya es la hora de cenar y apagas el ordenador y justo después te preguntas si habría que esconder el adoquín antes de lanzárselo al guardia. Por si fuera poco, yo no sabía grabar las partidas, así que tenía que repetir siempre todos los pasos, que normalmente tenía apuntados en una hoja de libreta junto a un rudimentario mapa hecho a lápiz o boli BIC. En fin, eran otros tiempos.

En definitiva, si queréis pasar un buen rato disfrutando de los antiguos juegos de Spectrum, nada mejor que irse al Market del Android y buscar este Marvin, y mejor hacerlo cuanto antes porque una maravilla así no creo que dure mucho tiempo (de hecho, estuvo retirada anteriormente del Market). Es uno de los mejores emuladores que he probado, no solo en el móvil, sino también en el PC.

Veo, leo, escribo

Abro este blog para preservar y promocionar mis trabajos de ficción interactiva, tras haber eliminado mi anterior web, donde publicaba mis trabajos. Aquí voy a hablar sobre las cosas que hago, de lo que veo, leo y juego. Intentaré hacer críticas y dar opiniones de todo lo que me llame la atención y considere digno de destacar. No quiere decir esto que todo lo que se quede sin criticar ni comentar carezca de interés, solo que mi tiempo es limitado. Aunque en la primera frase de éste párrafo se haga hincapié en lo de promocionar la ficción interactiva, mucho me temo que no voy a hablar demasiado sobre el tema, porque últimamente la cosa está muy parada en éste campo. Pero vamos, que si sale algo digno de destacar, es muy probable que lo juegue y critique.

La razón por la cual eliminé mi web y los anteriores blogs es porque en mi web se hacía mención de “mi marca” fallida de Yonostudio, que tenía que ser el nombre de mi estudio de diseño, hallá por el 2005, cuando todavía era joven y tenía la cabeza llena de pájaros. Lo de la página web de Literactiva no fue mucho mejor; tras enemistarme con mis colaboradores decidí cerrarla por falta de mantenimiento. Mis antiguos blogs también los cerré, por la misma razón. Eso me hizo pensar… ¿porqué mis páginas webs y blogs los acabo cerrando? Porque lo que me motivó a abrirlos en su día ya no me motiva; y porque todo comienzo tiene un final. Sé que este blog que hoy abro tendrá un final, pero hoy estoy motivado a abrirlo porque de lo que voy a hablar en él es sobre lo que veo, leo y escribo. No de lo que se supone que debería ver, leer y escribir. Esto que es tan sencillo no lo es tanto, puesto que no es lo mismo hablar sobre lo que se quiere que hablar sobre lo que otros quieren. Esta reflexión, tan sencilla, me habría ahorrado mucho trabajo en el pasado, si la hubiera pensado antes. Pero yo nunca he sido de mucho pensar, sino de mucho hacer.

Por ejemplo, cuando escribía en mi antiguo blog sobre ficción interactiva me sentía en la obligación de hablar de todo lo que salía anunciado en el CAAD. Aunque la mitad de las cosas que salían en el CAAD no me interesaran en absoluto, como miembro activo de una comunidad me obligaba a ello para valorar el trabajo de los otros miembros. Incluso aunque el trabajo fuera malo o lo considerara de escaso interés, siempre tenía buenas palabras para todos. No creo que eso fuera malo, pero al final uno prefiere no hablar de lo que no le gusta para no molestar a nadie, y eso conlleva la “falta de mantenimiento” del blog. Para hablar y molestar a alguien siempre nos quedará Mel Hython, como bien saben Adam Cadre y otros/as.

Otro ejemplo, cuando escribía en mi blog de relatos, me obligué a escribir diariamente cuentos de no más de 1000 palabras de extensión. Lógicamente se me secó el poco cerebro que tengo y además me quitó mucho tiempo para escribir mi proyecto de novela, que aún sigue en alguna carpeta del disco duro. Lo que en un momento me pareció tan bueno, obligarme a escribir y a publicarlo inmediatamente, se me antoja ahora un intento pueril por demostrar que podía escribir bien y demostrarlo ante mi gente, algo que queda totalmente en entredicho, como cualquier lector podrá comprobar al ver las veces que se repiten los verbos solo en éste párrafo. ¿Es necesario poner tantas veces “demostrar” o “escribir”? Pues eso, que no es tan buena idea abrirse blogs para obligarse a escribir, y sí lo es escribir para uno mismo, en privado, y publicarlo solo cuando uno esté a gusto con lo que escribe, no para demostrar nada, porque para eso ya están los agentes literarios, y es a ésos a quienes tenemos que deslumbrar con nuestra prosa.

Con Literactiva, pasó que no era posible juntar tanto ego en tan poco espacio. Para empezar, mi colaborador Depresiv tenía que revisar todos los textos, asumiendo que tal vez el resto no sabíamos escribir o que éramos simples escribientes. Un vistazo a su extensa bibliografía acredita su posición en éste aspecto. Con Urbatain, poco queda que decir que otros no hayan dicho ya, siempre se mete como elefante en cacharrería en todo proyecto ajeno hasta hacerlo suyo. Así que Literactiva ofreció lo que pudo durante su corta travesía en la red, y sufrió de “falta de mantenimiento” hasta que decidí retirarla al comprobar que nadie recogía el testigo. Todo el trabajo realizado se puede encontrar ahora en el CAAD, que tuvo un gesto elegante ante una página que intentó hacerle sombra.

Por último, con mi web de Yonostudio puse fin a más de cinco años en la red, con un nombre con el que nunca me sentí del todo a gusto, puesto que era el nombre de un fracaso, de una agencia de publicidad, de un estudio creativo, de mi proyecto como freelance que nunca se pudo realizar. Así que aunque me costó, decidí alejarme de ese nombre, puesto que ya no tenía sentido seguir, y apostar por la sencillez de ser yo mismo, sin nicks a modo de máscaras, que tan bien funcionan en los foros. Y no solo renuncié a “mi marca comercial”, sino que además me quité de encima el antiguo nick de “Grendelkhan”, que era un homenaje al Grendel de los cómics, creado por Matt Wagner, uno de mis autores favoritos. También me podía haber puesto Orion Assante, pero Grendelkhan me pareció más molón. Ahora, dejemos al Grendel-Khan original en los cómics, y la copia en Google.

En conclusión, abro este blog tras haber tenido un gran bagaje en la apertura y cierre de blogs. No prometo actualizarlo demasiado, pero sí prometo escribir cosas que me motiven. Tampoco puedo decir que no tenga otros blogs abiertos, pues todo el material de la Revista Token se ha recompilado en un blog que sigue abierto y que continúa el proyecto iniciado en Yonostudio. Ahí se irán publicando los nuevos números de esa revista lúdica. Tan solo queda decir que también me podéis seguir en Twitter, y que pronto pondré enlaces a mis antiguos juegos para poder jugarlos on-line.

Nos leemos,
Xavi C.