032: Fotografía de arquitectura (relato)


Paseo mi mirada triste por las blancas paredes de la casa, harto de andar buscando ese rincón mágico que haga valer la foto que tome. Pero no hay nada de interés en esta minimalista, fría y carísima construcción de la pareja de arquitectos que me ha contratado –pensando tal vez que yo era un verdadero artista– para que su vivienda ideal salga en portada de alguna publicación del ramo, tipo “Arquitectura y diseño”. 

Nada más lejos de la realidad. Esta casa no enamora; a nadie podría gustarle. No destaca. Tal vez haríamos buena pareja. Porque yo también soy un tipo anodino; nada hay en mí digno de destacar. Es por eso que hago fotos; para ver en otros las cualidades de las que carezco y retratarlas, con ánimo de copiarlas en mí mismo. Pero no funciona. No soy eficaz en ello.

El hastío hace mella en mí; no sé si esta casa es vulgar o lo soy yo, pues soy incapaz de encontrar en ella ni un atisbo de originalidad. En fin, sigo paseando por las habitaciones, hasta llegar al jardín: el único lugar un tanto cálido de la casa. Preparo mi cámara, creo que aquí hay al menos algo de verde, que contrasta con las blancas e impolutas paredes. Es irónico tomar una fotografía de arquitectura moderna y retratar a las flores como modelo. Pero desisto. No puedo sacar una foto ahora. Pienso en ella. La busco; no la veo. ¿Qué pensaría de mí ahora? Tal vez, que esta foto sería la que sacara un aficionado; un advenedizo. Yo tengo que tomar  fotografías que enamoren al espectador, tengo que hacer con la cámara lo que sin ella soy incapaz de hacer. 

Busco el encuadre, la luz,  el momento propicio. La busco a ella, pero no la encuentro. No reside en la casa, solo en mi cabeza. Intento llamarla, porque no puedo enamorarla sin sacar una buena foto. Me topo con la piscina, en una esquina del jardín. Preparo de nuevo mi cámara. La veo salir mojada de entre las aguas. Entonces tomo la foto. En mi cabeza ha quedado perfecta. En la pequeña pantalla veo, sin embargo, una anodina piscina: una foto tomada por un vulgar fotógrafo.