009: Bicing

Desde que llegué a Barcelona, hace ya cinco años, habré utilizado el coche en contadísimas ocasiones. Considero que ésta ciudad se presta muy bien a moverse con transporte público; con el metro se llega a todas partes, y si se te hace muy tarde, siempre puedes coger un taxi o un bus nocturno. Claro que la broma del taxi nos va a salir bastante cara, porque por el simple hecho de montarte en el taxi ya te cobran dos eurazos. Estaría bien aplicar esa misma medida a todos los sectores; dos euros por ir a la panadería, o por encender la tele, o por entrar en el banco… bueno, en ésto último ya se aplica.

El caso es que traje la bici a Barcelona durante el primer verano que pasé aquí, puesto que entrar en el metro en pleno agosto es sofocante, angustioso y agónico; porque en Barcelona no hay aire acondicionado en el metro, y como hay mucha humedad y aún más gente -entre turistas, locales y carteristas- hace que sudes la gota gorda y llegues a todas partes cagándote en la perra porque llegas hecho unos zorros a todas partes. Así que, puestos a sudar, prefería hacerlo al aire libre y llegar a los sitios en bici. Parecía un buen plan, pero he aquí que no contaba con un problema muy común entre ciclistas: los robos de bicis y la estupidez de peatones y conductores.

No es que me robaran la bici, es que tenía que vigilarla continuamente porque en la misma calle donde trabajaba había los restos de otras bicis; esto es, atadas a una farola o un poste reposaban aquí y acullá los cuadros de bicis desmanteladas, sin la rueda de delante, sin el sillín, sin manillar… y entre esos restos estaba la mía, esplendorosa, con cambios nuevos de Shimano, con sus cuernos y su belleza clásica de mountain-bike. Pero en fin, no me la robaron, tal vez porque nunca la dejé de noche, solo la utilizaba para ir y venir de trabajar o dar un paseo durante el día. La cosa cambió cuando cambié de trabajo y me permitieron dejar la bici en el almacén -que a priori parecía una idea excelentísima- pero no pensaban lo mismo los chicos del almacén, que me rompieron los cuernos de la bici y siempre me la encontraba tirada en el suelo cuando llegaba de currar. Así que finalmente sucumbí a la estupidez humana y me acostumbré a ir andando a trabajar, ya que vivo relativamente cerca del trabajo y llego en media hora caminando.

Estuve tentado hacerme socio del Bicing nada más salir, pero las malas experiencias de un amigo, que comentaba que las bicis estaban descuidadas y había muy pocas me hicieron desistir. Hasta hace unas semanas, que me decidí a hacerme socio porque ese mismo colega me había dicho que ahora el servicio funcionaba a las mil maravillas. Y tiene razón, ahora mismo usar el Bicing es un placer, a pesar de los inconvenientes. Hay muchas paradas de Bicing, al menos un par por cada estación de metro, y sin ir más lejos al lado de mi casa hay una, y si ahí no hubiera bicis, tengo otra parada a tan solo cinco minutos. Y si no encuentro en ningún lado, hay aplicaciones para móviles que me dicen dónde están las bicis, todo un acierto que se agradece mucho. Antes no era así, prácticamente el Bicing estaba acotado al centro, y muchos pensábamos que era un reclamo para turistas, pero no para los ciudadanos. Pero la cosa ha cambiado un montón, y realmente hay muchas paradas, muchas bicis y muchos ciclistas.

Lo que no ha cambiado es la estupidez humana; peatones y conductores siguen viendo en el ciclista un estorbo fuera de lugar. Si circulas por la acera, haya o no haya carril bici, la gente no se aparta o directamente te dificulta el paso -algo curioso, porque cuando yo voy andando y veo que alguien viene andando de frente me aparto o se aparta, porque si no chocaríamos, creo que es algo de la física-, pero la gente común tiene ganas de que la atropellen con una bici, a tenor de su comportamiento. Es la misma gente que, cuando cruza por un paso de peatones, antepone el carrito del bebé y se abre camino con él, aunque esté en rojo para los viandantes. Los peores, aunque esté feo decirlo -y acaso sea políticamente incorrecto- son los y las abuelas. Los primeros se sienten muy a gusto andando lentamente por el carril bici, ajenos a todo, y parándose muy a menudo a mirar desafiantes a los ciclistas. Las segundas siempre miran mal a los ciclistas y a la que pueden te hacen saber que tienes que ir por la carretera -y esto es particularmente gracioso cuando te lo dicen mientras van por el carril bici-, por lo que finalmente he optado por lo que hacen la mayoría de los ciclistas: seguir pedaleando y no mirar atrás.

Hablemos de los conductores, esa fauna que ya me caía mal mucho antes de ir en bici, porque antes que ciclista urbano fui conductor y me conozco el percal. Un conductor es una persona que va a los mandos de un vehículo generalmente más fuerte y robusto que una bicicleta; un tipo seguro de sí mismo y que si ve un hueco se mete; si ve un semáforo en ámbar acelera; si hay una intersección mete el morro para hacerse ver; y si hay bicis intenta adelantarlas rápidamente y sin muchos miramientos. Que para eso está en su casa, la carretera, donde es rey, amo y señor. Como conductor que también soy de coches, opino que las bicicletas son lentas, pero jamás se me ocurriría adelantarlas temerariamente, como tampoco hago con las motos, porque encima de la bici va una persona por lo general desprotegida. Ese desprecio por la vida va en aumento, y cada vez más hay un total desprecio hacia los ciclistas. El conductor siempre piensa que deberían ir por la acera o en los carriles bici. El peatón piensa todo lo contrario, que los vehículos de toda condición deben ir por la carretera. El ciclista piensa que debería haber más carriles bici, no solo los necesarios para las fotos y para decorar paseos, y que se juega la vida si le adelanta un bus por la derecha y un coche por la izquierda. Al final, prevalece la máxima: sigue pedaleando y no mires atrás.

Esa masa vocinglera de aprendices de Salvador Sostres, que arremeten contra todo lo que no sea establishment, son los que hacen que andar por bici en la ciudad no sea la mejor de las formas de movilidad urbana que existen. Un medio de transporte tan sano, ecológico, silencioso, práctico y ágil que por diferentes vicisitudes no acaba de encajar en las grandes urbes, debería ser objeto de especial atención y promoción por parte de las autoridades. Pero no una promoción de las típicas de Barcelona, que lo único que hacen es encubrir un afán recaudatorio voraz -esto es, para promocionar el uso de la bici subimos las tarifas de los aparcamientos- o la insultante creación de carriles bici, que son una rayas pintadas de blanco en una acera por donde igualmente va a pasar andando todo el mundo porque así era, así es y así será siempre, pero el alcalde quería una foto buenrollista y se pintaron las aceras de la Meridiana, aunque haya que esquivar árboles, postes, contáiners, macetas, sillas de bar y demás obstáculos que el alcalde jamás va a ver porque no pisa la calle ni sale de casa sin su chófer.

Pero con todo lo demás, ir en bici es un placer. Obviando todos los inconvenientes, uno llega a trabajar antes, uno puede descubrir calles por donde antes nunca había pasado, o tiendas nuevas, o lo que sea, y puedes dejar la bici y descubrir tranquilamente lo que la ciudad te ofrece, cosa que si van en coche o moto no puedes hacer, porque vas a pasarte un buen rato buscando un párking. Eso es lo bueno del Bicing, en particular, que puedes dejar la bici en cualquier estación y te olvidas, ese es su gran acierto, en una ciudad donde atar una bici y que no le pase nada es un acto de fe. Por muy poquito dinero al año, yo recomiendo a todo el mundo que viva o que venga a menudo a Barcelona, que se haga socio del Bicing.

2 respuesta a “009: Bicing”

  1. Buff Xavi, si yo te contara.
    Pues te lo voy a contar. XD
    Hasta ahora la delimitación de movimientos de un peatón estaba definida por algo llamado "bordillo". Un cambio de nivel que velaba por la seguridad de quienes se desplazaban a pie.
    No se puede hacer que de la noche a la mañana esa delimitación deje de existir y se cambie por una pintura que algunos ven, y otros no.
    A mí me ha pasado muchas veces que sin darme cuenta me meto en el carril bici ¿cómo no le va a pasar a la gente mayor?
    Un punto problemático en extremo es el de las bajadas y subidas al autobús… El otro día a poco me atropella un ciclista, al volverme para ayudar a bajar el carrito de un niño. El ciclista hizo un gesto despectivo y soltó una exclamación sin tener en cuenta que para empezar él iba en dirección contraria a la indicada en el carril bici, pero es que además la gente se tiene que bajar del bus, le guste o no, no puede dar un salto desde el mismo para evitar lo que en ese momento esté circulando por ese carril, ni puede esperar a que pasen, porque entonces el bus arrancaría al no bajar nadie.
    Para más inri, ahora que la gente se está acostumbrando a ir en bici, no solo lo hace por el carril bici, sino por cualquier acera y no siempre mantiene la velocidad obligatoria. Esto a la larga lo que está consiguiendo es que haya una confrontación máquina-peaton que no se recordaba desde los tiempos de los primeros carros con motor. XD
    Me gusta que la gente vaya en bici, me gustan los carriles bici, pero creo necesario que su delimitación sea más patente que una simple pintura en el suelo. La gente mayor, los niños y los despistados siempre estarán ahí en medio, y alguien debería protegerlos. Yo haría que el carril bici fuera por la calzada, o sea, que fuera un carril más de circulación. Claro que eso necesita más inversión que un cubo de pintura, pero mientras ciclistas y peatones compartan acera, me temo que los problemas estarán servidos para ambos colectivos.

  2. Pues a ese problema me refiero con lo de promover la bici pero sin hacer nada con ello, con el párrafo que cito "Pero no una promoción de las típicas de Barcelona, que lo único que hacen es encubrir un afán recaudatorio voraz -esto es, para promocionar el uso de la bici subimos las tarifas de los aparcamientos- o la insultante creación de carriles bici, que son una rayas pintadas de blanco en una acera por donde igualmente va a pasar andando todo el mundo porque así era, así es y así será siempre, pero el alcalde quería una foto buenrollista y se pintaron las aceras de la Meridiana, aunque haya que esquivar árboles, postes, contáiners, macetas, sillas de bar y demás obstáculos que el alcalde jamás va a ver porque no pisa la calle ni sale de casa sin su chófer."

    Claro que la gente tiene derecho a equivocarse y andar por el carril bici, yo mismo lo hago, pero otra cosa es indignarse porque un ciclista quiera pasar por allí en lugar de por el medio de la acera o por una carretera atiborrada de coches.

    Ojalá se hicieran verdaderos carriles bici, entre carretera y acera, o se delimitaran con algo más que pintura blanca en el suelo en caso de ser carriles en avenidas como la Meridiana (que a la postre está plagadísima de obstáculos dentro del mismo carril bici).

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