007: La piel que habito

La última película de Almodóvar trata de un médico que investiga un nuevo tipo de piel más resistente, capaz de resistir al fuego, después de perder éste a su mujer tras un accidente de tráfico donde quedó carbonizada. Esa es la parte que se puede contar si aún no habéis visto la película. Lo que viene a continuación no se debe leer bajo ningún concepto si aún no has visto la película y quieres disfrutar plenamente del placer de ver éste nuevo despropósito del director manchego.

La piel que habito está lejos de parecerse a lo que su director tenía en mente cuando la ideó. Tras las sinopsis inicial del médico investigador, se esconde un terrible secreto, tan terrible, que es absurdo. La cosa es que el médico tiene en su casa a una paciente algo neurótica con tendencias suicidas, por lo que la tiene recluida en una habitación, mientras va investigando lo de la piel super resistente y hace pruebas con ella. Viven en la casa el médico, la paciente, la ama de llaves y el resto del servicio, al cual despiden por puro placer de Antonio Banderas (porque el actor que hace de médico es Antonio Banderas, y tú lo que ves es a Antonio Banderas haciendo de médico, no a un verdadero actor).

Bien, la cosa continúa de forma rocambolesca al aparecer en escena un señor disfrazado de tigre, que en realidad es el hijo de la señora que hace de ama de llaves, y que resulta ser también la madre del médico, pero sin que los dos lo sepan. La trama se complica cuando el tigretón, todo engorilado, ve por las pantallas de la cocina a la paciente haciendo ejercicios de yoga (en efecto, en la cocina hay pantallas de vigilancia, y sí, la paciente está muy buena porque es Elena Anaya). El caso es que el tigre va a la habitación donde la tipa hace sus ejercicios de yoga y se la tira. Tras la culminación del pecaminoso acto, aparece Banderas pistola en mano dispuesto a matar a ambos, pero solo mata al tigre porque entiende que su paciente ha sido víctima, y se reconcilia con él.

Tras deshacerse del cuerpo, Banderas vuelve a El Cigarral (se me había olvidado, la acción transcurre en Toledo en 2012, en la finca del Cigarral), y se va a dormir acto seguido con la paciente, ya recuperada y lista para una noche de sexo. Mientras tanto, Marilia (la ama de llaves interpretada por Marisa Paredes, que me lleva el mismo look que la Kidman en Los otros, y que actúa aún peor que Banderas, que ya es decir, aunque bueno, aquí ningún actor se ha tomado muy en serio el guión), pues Marilia digo, está como inquieta porque la paciente anda suelta con el médico, cosa que es muy peligrosa porque la tía está un poco loca. Ah sí, también han matado a su hijo, pero eso no le importa tanto porque “se veía venir”. Además, en un ataque de sinceridad que no viene a cuento, le explica a Vera (la paciente) que el tigre fue el culpable de que se muriera la mujer de Banderas, porque años atrás, cuando ambos se conocieron se gustaron y huyeron juntos en coche, con tan mala fortuna que tuvieron un accidente donde el tigre se salvó y la mujer de Banderas quedó carbonizada (que no muerta) y estuvo al cuidado del médico hasta que ésta un día se levantó de la cama y se vio al espejo, y se dio tanto asquito que se tiró al vacío, muriendo a los pies de su hija que en ése momento estaba jugando en el patio de su casa. ¡Qué horror y que mala suerte, chato!

Y ahora llega el punto culminante de la peli, el punto donde dices “Almodóvar, ¿que cojones me estás contando?”, el punto sin retorno que convierte este bello despropósito en un despropósito a secas. El punto. La cosa va de que tras intentar follar sin éxito (puesto que a Vera le duele), se quedan dormidos Banderas y su paciente. Entonces recuerdan lo que les llevó a esa situación, que si hubiera estado bien explicado, al espectador le parecería una obra maestra al mostrarnos Almodóvar que la naturaleza de las personas dista mucho de ser lo que en principio aparenta; juega con el ser y la apariencia, recurso largamente utilizado tanto en el cine como en la literatura, pero el manchego lo hace de la peor forma posible. Si no has visto la película, no leas el siguiente párrafo, que es la sorpresa que tiene la película y el leit motiv de la misma (ya que hasta ahora parecía otra cosa, que Banderas quería convertir a la paciente en una doble de su mujer, y asegurarse de que no moriría carbonizada gracias a la piel super resistente de su invención).

El concepto. La cosa va de que Banderas tenía una hija; a la hija la intentaron violar en una fiesta, a la que ambos acuden. Como resultado, la hija enloquece, tiene miedo de los hombres en general y de su padre en particular y se tira por la ventana, tal como hiciera su difunta madre, con lo que la hija se muere y Banderas decide vengarse. Pero no se pone la máscara del zorro, cosa que hubiera sido un guiño genial; descubre quién intentó violar a su hija, lo secuestra y lo somete a… tachán tachán… ¡una operación de vaginoplastia! Vamos, que lo convierte en una mujer de rompe y rasga (Elena Anaya), a la que tiene encerrada en una habitación, engañando a todo el mundo con el rollo de que es una paciente. Se descubre así que Vera en realidad es Vicente, y que por esa razón quiere escaparse, aunque cuando puede hacerlo no lo hace y prefiere quedarse a dormir con el médico. Al menos por una noche, ya que a la noche siguiente Vera se carga a Marilia y a Banderas, escapa del Cigarral y se vuelve al pueblo, a la tienda de su madre, donde dice que en realidad es Vicente y le creen. Fin.

En conclusión, La piel que habito es, para un servidor, un despropósito mal contado, a todas luces increíble (en su sentido más literal; que no se puede creer), estéticamente impecable, musicalmente sublime (la banda sonora es muy buena, algo a lo que Almodóvar nos tiene acostumbrados, como si quisiera educarnos musicalmente, me gustó mucho Concha Buika); pero está torpemente dirigido. Parece que hubiera sido el trabajo de un director novel que quisiera parecerse a Almodóvar, en lugar de una película del propio Almodóvar. Y considero que una película puede tener una trama tan retorcida como la que plantea este film (de hecho, la trama está basada en una novela: La tarántula, de Jonquet Thierry), pero se puede contar de otra forma.

Si Almodóvar quería que nos tomáramos la película en serio, por favor, que no hubiera puesto a un señor disfrazado de tigre, que no hubiera colocado un pelucón rubio a la ama de llaves, que no hubiera convertido a Elena Anaya en una calcomanía de Penélope, que no hubiera utilizado a una sombra de actor como Banderas… y que se hubiera tomado en serio a sí mismo, porque esto lo que es en realidad es una caricatura. Lo siento mucho Almodóvar, pero así no se hace.